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Niños hondureños viven entre la explotación, el trabajo, la migración o la muerte

Por: Redacción CRITERIO redaccion@criterio.hn

Tegucigalpa.– La situación de los menores hondureños es bastante precaria y deben vivir sorteando entre el trabajo infantil, el alquiler como peones de las maras y pandillas o el riesgo de perder la vida en la migración hacia los Estados Unidos o el involucramiento en el crimen organizado. En el mundo […]

Origen: Niños hondureños viven entre la explotación, el trabajo, la migración o la muerte – CRITERIO

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Niños en botadero expuestos a maras

11 de Septiembre de 2015

03:01PM  –   Redacción  

De cada 100 menores que permanecen en botaderos, el 82 por ciento sufren cortaduras, un 52 por ciento quemaduras en los ojos y un 40 por ciento dolores de cabeza

Tegucigalpa, Honduras

A la salida de la capital política de Honduras es visible una de las peores formas de trabajo infantil.

Pese a la prohibición municipal de la participación de niños y niñas en las labores de recolección y clasificación de basura, en el crematorio los menores se confunden entre los adultos revolviendo cerros de desechos.

En este trabajo, considerado el más inhumano, pues es altamente peligroso e insalubre, se sumergen a diario miles de niños de todas las edades.

Un estudio realizado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en 2004 estimó que unas 1,200 personas trabajan en el crematorio. En ese entonces no había prohibición y un 40 por ciento de trabajadores eran niños.

Actualmente, la situación solo ha cambiado en que no se permite la permanencia, sin embargo, los niños se las ingenian para ingresar al vertedero.

Un estudio de 2006, desarrollado por instituciones nacionales y organismos internacionales, confirmó los severos daños en la salud de los pequeños trabajadores.

El contacto directo con los desperdicios que los hondureños descartan de sus viviendas, empresas e industrias, los expone a desechos hospitalarios, compuestos químicos, inflamables o radioactivos, cortes, golpes y hasta la ingesta de alimentos contaminados.

Por otro lado están los riesgos asociados al ambiente, ya que los niños se exponen a la delincuencia, el uso de drogas y la explotación sexual.

En el crematorio de Tegucigalpa, la situación es real, más cuando en el lugar es un secreto a voces que la zona es territorio de la mara MS. El mundo se reduce en todo sentido para estos muchachos al enfrentarse también a problemas de crecimiento y una esperanza de vida de 40 años si no son atendidos clínicamente a tiempo.

Problema generalizado

A nivel nacional, cada día se producen 4,500 toneladas de basura.

Se estima que apenas funcionan de entre 15 a 20 rellenos sanitarios, es decir que en la mayoría de los municipios lo que funcionan son botaderos, lo que facilita que miles de niños puedan permanecer en estos sitios.

Las municipalidades más grandes del país, como Tegucigalpa y San Pedro Sula, reportaron las mayores cantidades. Se estimó que ambas municipalidades aportaron el 38% de la carga de residuos sólidos domiciliarios, equivalentes a 1,726 toneladas por día.

A nivel de Latinoamérica se estima que unos 500,000 niños dejan su infancia y adolescencia en los vertederos de basura, como sucede en las ciudades del país donde aún no se construye un relleno sanitario.

Esta actividad tiene indiscutiblemente riesgos para la salud, se estima que de cada 100 de los infantes que permanecen en estos sitios, un 82 por ciento sufren de cortaduras u otras lesiones, un 52 por ciento quemaduras en los ojos por los gases de la descomposición de la basura y un 40 por ciento padecen de dolor de cabeza por la exposición al sol.

De acuerdo con la encuesta de hogares del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), la población comprendida entre 5 a 17 años de edad en el país es de 2,473,593 personas (29.8% de la población nacional); de la cual 1,260,924 son varones y 1,212,669 son niñas.

Fuente: http://www.elheraldo.hn/alfrente/878832-209/ni%C3%B1os-en-botadero-expuestos-a-maras

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Honduras: El cruel mundo de los niños pepenadores en la capital

11 de Septiembre de 2015

03:01PM  –   Redacción  

El relleno sanitario de Tegucigalpa esconde una alta población de pequeños pepenadores que se niegan a abandonar la recolección, pese a las prohibiciones, ante la grave pobreza

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Tegucigalpa, HONDURAS

Sentado entre los cerros de basura del crematorio, el pequeño Jeferson divisa un mango sucio en la tierra, lo coge, lo limpia con su suéter y se lo lleva a la boca con gran deseo.

Una bandada de zopilotes le hace compañía al pequeño de nueve años mientras devora la fruta amarilla de pulpa carnosa y dulce, en medio de la putrefacción.

Hace una media hora nos bajamos del carro. El sol es fuerte, ya casi se asoma el mediodía y el hedor golpea grotescamente las fosas nasales. Así iniciamos el recorrido en el crematorio.

-¿Agua? ¿Quieren agua?- preguntamos al grupo de pepenadores que a diario llegan a sacar el material reciclable de las mil toneladas de basura que ingresan al relleno sanitario de Tegucigalpa.

-¡Vaya a traernos agua, Jeferson!-, le ordena su hermana mayor, quien lleva todo el día buscando botellas plásticas.

Viste normal, con suéter rojo, calzoneta café y zapatos escolares negros, sin ninguna protección en particular contra el inclemente sol o la contaminación de la basura. Viene rápidamente por el agua.

-¿Pero qué haces por este lugar? ¿Tan pequeño y por aquí? (Se supone que está prohibida la entrada al sitio para los menores de edad).

-Es que no tenía clases y vine a acompañar a mi hermana al trabajo-, contesta de una forma muy risueña y con una mirada directa.

-O sea que estudiás ¿Dónde? -Sí, en la Julián López Pineda, aquí cerca, pero hoy me dieron feriado y siempre que me lo dan me vengo al crematorio con ella, la que está allá.

La hermana del pequeño me mira con desconfianza, tal vez duda de mi interés, después de una plática de cinco minutos, pero muy extendida para unos extraños.

Niñez oculta

Jeferson regresa dando brincos entre los promontorios de desperdicios a donde su hermana y le hala la blusa para entregarle la helada bolsa de agua.
Otra gente de una Organización No Gubernamental (ONG) se acerca a regalar churros y el menor es el primero en aparecer, aún antes de formarse la grulla de personas.

Aprovecho y entramos en plática de nuevo. Muy conversador este niño de sonrisa firme, ojos rasgados y cabello rapado.

-Me gusta pasarla aquí, antes venía con mi papá a trabajar, pero él ya no viene porque le salió trabajo de albañil. Ahora solo vengo con mi hermana… Al olor ya me acostumbré.

-Quiero ser policía, como esos que andan por aquí -señala a los uniformados que merodean el crematorio-, que yo no sabía que lo eran.

-¿Aquí pasás todo el día? ¿Aquí comés?

No responde, pero asiente con la cabeza en un movimiento muy marcado y contento.

Llaman de nuevo a Jeferson, nos despedimos, suelta otra sonrisa y vuelve a la par de su hermana… Creo que me mintió.

Por unos instantes, toma unas botellas plásticas y las arroja al saco de mezcal. Tal vez solo quiso ayudar a su hermana y no quiere decir que labora como recolector. O tal vez me engañó.

Es muy válido pensar así, porque los niños suelen negar su trabajo en el crematorio por miedo a problemas con las autoridades, quienes han prohibido su ingreso. Hay un trabajo infantil oculto.

-¿Estas botellas? No sabemos cuanto cuestan, solo las ocupamos para un proyecto de ciencias naturales-, responde el líder de un trío de menores, entre el cúmulo de desperdicios que acaba de descargar un camión.

Miran a los lados, cierran los sacos y se dan a la fuga. -Locos, vámonos-, grita el líder. La camioneta de un funcionario municipal pasa minutos después del inusual acto.

-Fíjese que salieron corriendo unos cipotes. -Sí, es que no está permitida la presencia de niños, a veces se vienen a meter cuando no tienen clases, pero los andamos sacando.

Damos asco

En la mayoría de los casos el merodeo de los infantes no es casual, sino que es parte del trabajo infantil oculto que sobrevive en el relleno, a siete kilómetros de la capital.

-Pero si estás cipote y ya trabajando aquí. Creo que sos uno de los más jóvenes. ¿Cuántos años tenés?

-14 años-, responde Benito, de mediana estatura, seco de carnes, ataviado de ropa raída y sucia y una gorra protegiendo su cabeza del sol. Sonríe y me toma confianza.

Nos interrumpen. -Un agua, ahí, compa-, me pide Leonel. Un sombrero cruzado al estilo Michael Jackson y una herida que parte el lado izquierdo de su labio superior distinguen al pequeño obrero.

-Te salvaste. La última que andaba y me imagino que andás sequito del trabajo, se nota que es duro. No entiendo cómo pasan todo el día aquí.

-Mire, trabajamos por necesidad, pero sí nos gusta pasarla aquí, por ayudar con un poquito en la casa-, aclara este muchacho de 17 años y originario de Guaimaca.

-Me tuve que venir a vivir a una covacha cerca del basurero porque no me salía viajar todos los días a Guaimaca.

-¿Ustedes son familia?- pregunto, mientras los señalo a ambos, de igual estatura pero con tres años de diferencia.

-No, bueno sí, somos primos, pero nos hemos criado juntos porque desde chavalo trabajamos aquí, yo desde los cinco años.

-Y yo desde los ocho-, agrega Benito.

Otra vez me interrumpen. -¿Ustedes vienen de parte del pastor?- consulta un parroquiano que se cruza en la conversación, mientras termina de dar los últimos sorbos a la bolsa de agua.

-No, somos de otro grupo.

-Ah, decía yo, como son los únicos que nos visitan. Nos vemos.

-¿No viene nadie más? ¿Las autoridades? ¿Funcionarios? ¿El Presidente? ¿El alcalde?

-Nadie, compa. Nadie se ha acercado para ayudarnos. Creo que al alcalde y a esa gente le damos asco-, replica Leonel.

Sueños en el crematorio

Excluidos del sistema educativo, tal vez sin papeles, estos primos poco se preocupan por regresar a los estudios si todos los días luchan por ganarse cien lempiras con la venta de plástico.

-Yo quiero ser policía. ¿Por qué? Por tanta maldad que hay en este mundo, compa, tanta gente anda en malos pasos y uno tiene que ayudar.

-A mí me gustaría ser maestro, admiro a esa gente, es muy buena-, revela Benito.

Una fracción de minutos para el mediodía. No sé cuál es la hora de comer en este mundo tan cerca de la civilización, pero tan lejos de la humanidad.

-Comemos de las frutas que arrojan a la basura, algunas vienen partidas. Tremenda confesión has hecho Leonel.

-¿Nunca se han enfermado?

-Sí, a veces nos pega dolor de estómago… pero cuando comemos mucho ¡Ja, ja, ja, ja, ja!

La vida parece dura, no a ojos de ellos, porque ellos parecen divertirse. De la nada cambia la conversación. -Mire ve, estos perros son como míos, vea como me obedecen. Este es Nerón y ella es Palanga.

Cada niño del crematorio es una historia de crueldad y exclusión social, pero es momento de regresar al carro y dejar de reflexionar.

-Ufffff-. Como me duele la cabeza de ese hedor. El vehículo está polarizado y ya nadie puede ver mis movimientos ni mis gestos.

Sigilosamente se acerca un tipo de gafas oscuras que durante toda la mañana no trabajó, el único que no ensució sus manos en la basura y parece el supervisor de todos.

Pone su rostro en el retrovisor para peinarse, no nos puede ver y deja al descubierto su oreja derecha adornada con un arito con el emblema “MS”.

Es un secreto a voces y nadie habla de las peleas de territorio en el crematorio ni el control de la droga entre las maras. Ya no hay peleas… ya las ganó un bando.

Las historias del crematorio de Tegucigalpa solo se calcan, como mapas de un libro a un cuaderno, en el botadero del municipio de San Lorenzo, Valle.

-Desde que nací vivo aquí, en el basurero.

Así resume Favio, de 12 años, lo que ha sido su infancia, al vivir de la recolección de desperdicios, en el botadero.

Según sus palabras, desde que estaba en el vientre de su madre llegaban al lugar donde continúan transcurriendo su infancia.

–A mí me cuentan que mi mamá cuando estaba embarazada de mí venía también a recoger basura, por eso le digo que desde que nací vivo en este lugar.

El niño desde el amanecer se sumerge entre los bultos de basura que son depositados por los camiones recolectores municipales o de particulares, con el fin de extraer cartón y plástico para la venta.

Para ingresar al contaminado lugar, Favio tan solo tiene que abrir la puerta de su casa, ya que en una esquina del botadero sus padres armaron una casa con pedazos de madera, plástico y retazos de láminas.

-Desde que me levanto me vengo para aquí, así es mi vida.

Sus manos sucias, marcadas por la labor que realiza, hacen juego con una amplia gabacha percudida, que lleva puesta.

-Por vestirme con esto es que me han apodado el matasano, ja, ja, ja, ja, ja, me la encontré ahí, señala un bulto de basura.

–La verdad es que mis estrenos salen de la basura, yo la recojo de acá y me la lavan y listo, me la pongo.

Interrumpe su diálogo y suspira, se queda pensativo por varios minutos para luego continuar su conversación.

–Me da tristeza contarle, es que tenía unos zapatillos nuevos, los había comprado con lo que había guardado desde varios meses, pero un ventilador que nos encontramos aquí agarró fuego y se prendió el colchón y mis zapatillos.

Su mirada se entristece y agacha el rostro para hurgar con su pie izquierdo unas bolsas frente a él.

Las preguntas sobre su vida le borran la tristeza y retorna la amena plática, bajo un ardiente sol y el infierno en el que se convierte el vertedero con la quema de la basura.

¿Cuánto gana usted aquí?

-Cada 15 días, que es cuando vienen los compradores del material, me hago unos 300 lempiras. Del dinero que ganó, cuando mis padres no tienen para comprar comida, entonces aporto lo mío y ya comemos.

¿Usted va a la escuela? -Antes iba a la Escuela Eneas Antonio Alvarado. Me salí porque yo era perverso.

-¿Por qué perverso?

Bueno… que era mal portado pue, me peleaba con los güirros. Estaba en tercer grado, fíjese que llevaba notas de 90 y hasta cien por ciento sacaba.

¿Qué le gustaría ser?

-Me gustaría ser albañil para trabajar y hacer una mejor casa para mi papá, es que la que tenemos aquí en el botadero no me gusta mucho. Pero también tenemos una de adobe en una colonia cercana de acá, allá duermo en cama, pero aquí en una hamaca.

-¿Y tiene otros sueños?

Más que sueño es un deseo, le cuento: cuando estaba en la escuela llegó una diputada de acá a prometernos que nos daría una computadora.

Se rasca la cabeza y hace una mueca con los labios y prosigue: yo soñaba con aunque sea tocarla, o hacer tareas, pero llegó el final del año y nada. Yo les he preguntado a los compañeros que siguieron en la escuela y me dicen que aún no las han entregado. ¡Cómo mienten, verdad!

Fuente: http://www.elheraldo.hn/alfrente/878801-209/honduras-el-cruel-mundo-de-los-ni%C3%B1os-pepenadores-en-la-capital

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Deben eliminarse las peores formas de trabajo infantil

11 de Septiembre de 2015

01:55PM  –   Redacción  

El país tiene una meta mayor para 2020, adquirida en la Agenda Hemisférica, y es erradicar el trabajo infantil. Un reto difícil, pues cada año cinco mil menores engrosan la estadística.

Tegucigalpa, Honduras

Al menos cinco mil menores se sumergen cada año en el mundo laboral.

Y justo en 2015, cuando Honduras debe alcanzar las metas establecidas en la Agenda Hemisférica de eliminar las peores formas de trabajo infantil y el trabajo infantil en su totalidad al 2020; la cifra va, todo lo contrario, en aumento.

La realidad es que 379,598 menores engrosan las cifras de trabajo infantil. Miles de ellos exponen sus vidas más que otros, pues el mayor riesgo lo enfrentan quienes desarrollan las peores formas de trabajo condenadas por la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Estas peores formas son la agricultura (cultivos de café, melón, tabaco, caña de azúcar), cohetería, buceo submarino, basura, trabajo doméstico, minería, trabajo sexual, canteras y pesca.

Solo en el sector agricultor, 190,327 niños realizan un trabajo de adultos.

En la inhumana actividad de explotar minas y canteras son 2,850 infantes los que arriesgan su vida por unos lempiras.

Cruda realidad

El diagnóstico de situación de trabajo infantil y erradicación de sus peores formas en Honduras, realizado por Visión Mundial, devela apenas en una muestra la calamidad que viven los niños trabajadores.

El universo analizado en el estudio abarcó 42 municipios de nueve departamentos, los más vulnerables a esta problemática.

El mapeo incluye a Choluteca, Valle, Yoro, El Paraíso, La Paz, Intibucá, Lempira, Ocotepeque y Copán, en donde se halló que en el sector turismo hay una elevada exposición a la explotación sexual.

A nivel de la agroindustria, el trabajo peligroso se da cuando los niños se exponen al sol, a productos químicos y al contacto con animales venenosos. Muchos pierden la vida en condiciones inadecuadas.

Fuente: http://www.elheraldo.hn/inicio/877453-331/deben-eliminarse-las-peores-formas-de-trabajo-infantil

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Apenas 432 empresas registradas como libres de trabajo infantil

10 de Septiembre de 2015

03:01PM  –   Redacción  

Contratar niñas para el servicio doméstico, una de las peores formas de trabajo infantil, se convierte en doble explotación porque aparte del trabajo son separadas de su familia

Tegucigalpa, Honduras

Las estadísticas sobre trabajo infantil, entre ellas las peores formas, son bajas en relación con la realidad nacional, coinciden varias organizaciones que trabajan a favor de erradicar este flagelo en Honduras.

Se estima que en el país unos 379,580 niños forman parte de la población económicamente activa, quienes desempeñan labores sin ninguna regulación por parte del Estado. Y es que basta con observar las condiciones en que laboran miles de niños en coheterías, pesca, corte de café, salineras, servicio doméstico, minas y canteras, botaderos de basura y ejerciendo trabajo sexual para identificar que no existe una acción estatal concreta para sacarlos de ese mundo, en ocasiones inhumano.

Elsa Ramírez, directora de Previsión Social de la Secretaría del Trabajo, informó además se han definido unas 29 formas de trabajo en donde no se tendría que contar con participación infantil.

De acuerdo con Ramírez, el plan estatal en este año es de vigilancia permanente, y hasta el mes anterior se habían realizado unas 389 inspecciones en empresas. Los operativos se han ejecutado en la zona sur y en los sectores cafetaleros.

“Lo que se hace cuando hay irregularidades es que se ponen multas, pero resultan bajas para una empresa, por lo que no se detienen las contrataciones”, informó.

Apenas 432 empresas están registradas como libres de trabajo infantil, señaló.

A la fecha, la Secretaría del Trabajo registra a nivel nacional 547 niños autorizados para poder trabajar en trabajos permitidos.

Los rubros identificados con mayor concentración de mano de obra infantil son el comercio y la agricultura.

Según la funcionaria, la lucha del gobierno debe ser en trabajos preventivos, “por ahí se puede hacer un poco más, pero lo que pasa es que con una vez al mes que se haga no es suficiente”, reconoció.

En el caso del genero, está marcado que la agricultura pertenece a los niños, pero en la parte doméstica las que se enfrentan a esta labor son las niñas, quienes en su mayoría son víctimas de explotación.

“La contratación de menores en servicio doméstico se convierte en doble explotación, porque además son separadas de su familia”, concluyó.

Fuente: http://www.elheraldo.hn/alfrente/878362-209/apenas-432-empresas-registradas-como-libres-de-trabajo-infantil

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Los niños topo caen en la fiebre del oro en El Corpus, Choluteca

10 de Septiembre de 2015

03:01PM  –  Redacción  

Confundidos entre los adultos, estos niños utilizan con agilidad el pico y la almádana, sus inseparables herramientas. Soportan el día entero las altas temperaturas para poder recolectar la broza con oro, además de sumergiese hasta 80 metros bajo la tierra.

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El Corpus, Choluteca, HONDURAS

Yacen en cuclillas de espaldas a Dios, en las fauces de una montaña que por oro su infancia les devora.

Confundidos entre las piedras, sin sombras que los cobije, hijos de la almádana y el pico, esclavos del nuevo siglo.

Niños topo, de espalda curva, rostro arrugado, manos atrofiadas y pies desplayados. Son inmunes al sol, a la incomodidad y al hedor.

El agua en su faena no su es prioridad, para ellos lo importante es la broza con líneas de metal que puedan recolectar.

Estos pequeños en su mayoría habitan la comunidad de San Juan Arriba, El Corpus, Choluteca, pueblo minero, que aún respira la fiebre del oro.

Para poder llevar comida a sus hogares, se desplazan todos los días al Hilón, que es la parte más alta de la aldea, donde está la mina.

El único acceso al lugar es una calle de arcilla empinada que, en conjunto con los 36 grados centígrados de temperatura, desemboca en un infierno.

Al llegar arriba lo primero que se percibe es el estrés laboral, seños fruncidos producto del sol y la fatiga, que hacen de la mina un sitio pesado para los visitantes.

Aquí solo se sube con la finalidad de explotar los recursos.

Ya que en la aldea poseen por naturaleza un paisaje espectacular, que a nadie le importa.

En la mina se recibe a diario a jornaleros, incluso a niños y se les trata por igual.

Es esa hostilidad, el silencio y la crueldad, los que ponen a Josué, Jairo y José, tres hermanos, dos gemelos de 10 y el otro de 12, frente a una maquinaria todos los días a trabajar.

Ganarse su atención no fue fácil.

-¡Hola!, ¿qué tal, como están?

-¡Qué calor!, ¿verdad?

-¿Cómo les va?

-¿Qué tal todo?

La ráfaga de preguntas fueron ignoradas por ellos, pero no por los jornaleros adultos que siempre tuvieron su mirada puesta en el extraño que los visita.

Y es que el recelo es evidente, no les parece que nadie tenga porqué platicar con los menores.

-¡Vaya micos pendejos! ¡A la ver… de aquí!

-Ve, si no estamos haciendo nada. -Replicó José, quién es el mayor de los tres hermanos.

El minero los miró, se limpió el sudor, los señaló y con visible cólera les gritó:

-¿Quién te preguntó qué es lo que haces?

-¿Él te preguntó? Mírame.

-¿Te dijo algo?

-Vámonos Josué. -dijo uno de los gemelos y se puso en pie.

-¡Va pué! Para hoy.

Y como si un capataz le gritara a sus esclavos, la orden de aquel minero de chaleco naranja se cumplió.

Los niños se fueron del lugar, cabizbajos, montaña arriba, a toda velocidad, con notorio temor, sus pies se movían muy a prisa, como si en lugar de subir fueran a bajar.

Pero se detuvieron en un palo seco, en la parte más alta de la montaña, como leones a la espera de volver adonde su presa, que en este caso es un tumulto de rocas.

Mientras su retorno llegaba, en la mina sigue todo igual, ellos no son los únicos niños, hay más dispersos en la zona, que trabajan ante el inclemente sol que azota el mediodía.

Entre los hombres se confunden con facilidad, puesto que de rodillas todos, incluso los más pequeños, se ven del mismo tamaño.

Y ahí están quemados de sus caras, brazos y pies descalzos, no ríen ni tampoco juegan, entre las máquinas que excavan se pueden ver, algunos son tan pequeños que se meten debajo de ellas.

Cuatro horas después y a espaldas de los jornaleros que sirven de algunos guardias, el relato de los tres pequeños niños topo se pudo lograr.

Desconfianza infundida

-Somos hermanos. Trabajamos porque tenemos que comer. -Respondió a secas Josué.

-No se acerque. Ya nos dijeron que usted nos quiere llevar.

-Aquí tengo piedras. -Retó uno de los tres.

-José solo ríe.

Su temor infundido es la realidad, han soportado golpes de los grandes para que no hablen.

Y es que en una mina que se denuncie a un niño por trabajar puede ser el motivo de que la cierren, cosa que difícilmente pasa, ya que no hay supervisión plena.

-Además aquel hombre dijo que nos fuéramos, que no trabajáramos más.

En primera no me los voy a llevar, quiero saber cómo es su vida y por qué trabajan aquí.

-No le creas, ahí hay otro.

-Está solo ombe.

-Nos va llevar, vas a ver.

-Somos tres, no va a poder.

-Si baja hasta aquí le creo.

-Decile pué.

Y en el dime que te diré, la pelea absurda entre hermanos inició.

-Ve, decile vo.

-Ve y es que me mandas.

-Ándate entonces.

-Y si no quiero.

No peleen, cuéntenme desde ahí de su vida y lo que hacen.

José, el mayor por apenas dos años, accedió; sus hermanos fueron testigos de que no todos los adultos extraños son sus enemigos.

Esperan su turno

Este se llama Josué. Este otro Jairo, son gemelos. Yo me llamo José.

Venimos desde San Juan Abajo. Trabajamos porque somos pobres y queremos hacer pisto del oro como los grandes.

José es delgado, más quemado que trigueño, desnutrido, sucio, sonriente, pelo parado y aventado al diálogo.

Los gemelos, por su parte, no se diferencian mucho de su hermano mayor.

Han soportado las mismas difíciles condiciones de trabajo y desnutrición y sí se les ve de lejos no habría diferencia.

Salvo porque son más bajos de estatura y medio achinados.

Y prosiguió el pequeño:

Yo soy huérfano, a mi mamaíta la mató un hombre. Vivo con mi papá y la mamaíta de ellos. Pero no le digo mamá, solo Dunia.

De mi mamá, la verdadera, solo tengo una foto, porque cuando la mataron yo no tenía ni un año, por eso no la conocí en persona.

Aquí a la mina todos los días venimos los tres. Solo cuando estuvo cerrado por los que se mataron no nos dejaban entrar hasta acá, pero íbamos a buscar oro a la quebrada.

-Mentira, interrumpió Jairo, con absoluta seguridad.

-No te preguntó a vos.

-Ve, es que siempre nos metíamos, todos se metían.

Y antes de que comenzaran una nueva discusión…

-¿Cómo es el trabajo aquí en la mina de El Corpus?

-A nosotros nos gusta porque conseguimos oro. Llevamos pisto a la casa. Sí. Aunque nos regañen esos hombres. Cuando se descuidan nos metemos con el saco.

-Pero solo hoy nos regañaron, dicen que ustedes vienen a cerrar la mina, indicó Josué, quien hasta ese entonces solo había sonreído.

Josué continuó. La cosa es así, ellos, los de chaleco y los que están en los tractores, son de la cooperativa. Todos los demás somos los del pueblo que no nos dieron chance.

El tractor trabaja desde las 7:00 de la mañana. Los que estamos sin chalecos esperamos todo el día a que los de la cooperativa terminen. Solo ahí podemos empezar a picar.

Pero esos son bien malos. Porque todo lo que han sacado con el tractor lo vuelven a tapar en el mismo hoyo para que no agarremos nada. Aunque Diosito siempre nos da.

El lugar se está explotando a cielo abierto, por lo que la maquinaria es prioridad en los trabajos.

Por eso para los dueños de la mina dejar la excavación abierta es permitir que los aldeanos lleguen a un lugar que sin tractor les sería imposible.

Pueden morir

El pequeño continuó.- Por eso uno se viene temprano para rebuscarse porque después de las cinco se arma un relajo. Todos quieren estar cerca de donde estuvo el tractor.

Nosotros como somos pequeños nos metemos en otros lados y conseguimos oro.

-Es más peligroso. Mire ese hoyo que esta allá. Ahí nos metemos. Los grandes solo ocupan ahí para cag…r. ¡ja, ja, ja!

El agujero que el niño señaló es la entrada a uno de los conductos que fueron cerrados y por los que se condujeron los mineros que murieron soterrados hace poco más de un año.

-Es que es prohibido que se metan ahí, en el de abajo pusieron palos. Pero siempre cavemos, como somos pequeños.

Es bien oscuro ahí adentro. Al principio me daba miedo, pero después uno se acostumbra. Eso sí, hay que respirar suavecito porque al rato de estar adentro me duele la cabeza.

Este bruto aquel día se ahogó. Lo saqué amarillo ¡ja, ja, ja, ja! Viera cómo lloraba después.

Pequeños incautos que no comprenden que en su juego de trabajar, aunque sea por necesidad, en uno de esos hoyos pueden morir, y por estar solos no los podrán encontrar.

Pero qué más podrían hacer, el sueño más grande que ellos tienen es devorar la montaña y dejarla sin oro de una sola vez.

-A veces hacemos bastante pisto porque cada uno trae su saco. Eso sí, nunca lo llevamos lleno porque pesa mucho.

A mí me gusta estar aquí. Por eso dejé la escuela. Ya ninguno de nosotros va. Yo me salí desde el año pasado.

-Yo este año. Expresó José.

-Yo también.

-Casi nadie va a la escuela.

Sus palabras se comprueban con un leve sondeo en el lugar. De los niños con los que se logró dialogar todos dijeron haber dejado el estudio este año.

Esto pese a que la mina estuvo cerrada por 12 meses.

El trabajo tiene sus complicaciones y el pequeño se encarga de enumerarlas.

-Lo que más cuesta es encontrar el hilo de oro. Yo tengo suerte. También duele estar en el sol, aunque ya no nos hace nada porque ya se nos peló la piel, solo que nos da mucha sed. Pero lo peor es que da hambre estar aquí y más que nos toca solo ver, porque cada quien trae lo suyo.

Pero también nos ayuda porque más bien cuando los de la cooperativa están comiendo uno aprovecha para sacar la piedra de la mera mina.

Hay veces que no aguantamos el hambre y uno de nosotros va a traer a la casa tortillas o lo que haya. Pero no siempre.

Muchas veces no ganan

En cada saco uno puede llevar más de mil pesos. Pero si no saca nada de oro y solo piedra, más bien debe uno en la rastra. Nos cobran 500 por usarla aunque no haya nada, siempre tenemos que pagar.

Y es que parte del proceso para obtener la preciada mercancía es pasar la broza que se encuentra en la mina por una rastra.

Este artefacto es una máquina artesanal tipo molino triturador que separa el oro de la piedra mediante afilados dientes de metal.

-Con el pisto ayudamos a mi papá, que también viene aquí.

Yo ya no quiero volver a estudiar. La gente dice que si uno trabaja mucho en la mina después es más fácil sacar el oro.

Además que yo lo que quiero ser cuando sea grande es minero de la cooperativa.

El sueño es claro y lo más seguro es que se haga realidad, el futuro de estos niños va depender del recurso metálico que la mina posea.

Por lo pronto se despiden, se van por un camino lleno de árboles, rumbo a su casa, a dar una vuelta y esperar que sean las cinco.

La hora en la que tengan más libertad para explorar mientras obtengan el tan anhelado chaleco naranja que los acredite como unos verdaderos mineros.

Fuente: http://www.elheraldo.hn/alfrente/878388-209/los-ni%C3%B1os-topo-caen-en-la-fiebre-del-oro-en-el-corpus

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Niños expuestos a morir por el oro

10 de Septiembre de 2015

03:01PM  –   Redacción  

Las tareas que desempeñan los infantes mineros van desde cargas pesadas, manipular explosivos, romper piedras y hasta usar sustancias tóxicas.

Niños expuestos a morir por el oro
Niños expuestos a morir por el oro

Tegucigalpa, Honduras

La minería es una de las peores formas de trabajo infantil. Los niños mineros con sus pequeñas manos recogen la broza para llenar sacos que luego cargan en sus espaldas, pese a que les triplican en peso.

El arduo trabajo les expone a daños permanentes en los huesos y los músculos, sumado al riesgo al que se enfrentan por manipular mercurio para extraer, de entre las rocas, el mineral precioso.

A esto se añade el quedar atrapados en los profundos huecos, heridos por el derrumbe de túneles o, en caso extremo, morir asfixiados. Sí, son panoramas aterradores, pero es lo único que les ofrece con certeza este tipo de trabajo.

Los niños mineros trabajan sin equipo de protección adecuada y en posturas de trabajo incómodas. En los sitios donde desempeñan sus labores no disponen de instalaciones médicas ni de primeros auxilios cercanos en caso de que se presente un accidente de trabajo.

En resumen, las tareas que desempeñan los infantes van desde llevar cargas pesadas, manipular explosivos, romper piedra con almádanas y hasta usar sustancias tóxicas como el mercurio.

Lo más lamentable es que los menores en su mayoría no tienen acceso a programas de rehabilitación o de seguridad social, a la escolaridad obligatoria ni a la formación profesional.

“En Honduras hay trabajos que desempeñan los niños que deberían hacer los adultos y que preferimos explotar niños en vez de darles trabajo a los adultos”, dijo Guadalupe Ruelas, director de Casa Alianza.

El problema en Honduras radica en que no se tienen suficientes controles ni se ha sensibilizado a la sociedad para que el trabajo infantil pueda ser erradicado, agregó.

“A veces pensamos que si no le enseñamos a los niños a trabajar de grandes no van a poder hacer nada, que van a ser haraganes, pero hay una gran diferencia en educar a un niño en el trabajo y explotarlos”, expresó Ruelas.

En el país, según la última encuesta permanente de hogares del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), unos 2,850 niños trabajan en minas y canteras.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que en el mundo cerca de un millón de menores de cinco a 17 años realizan actividades mineras y de cantería.

El trabajo de niños en la minería constituye una de las peores formas de trabajo infantil, cuya erradicación debe ser una política nacional adoptada por el Estado.

Los peligros

Los menores que manipulan mercurio se encuentran en grave riesgo de envenenamiento. El mercurio ataca el sistema nervioso central y puede causar discapacidad permanente en los niños, cuyos cuerpos en desarrollo son más vulnerables al metal pesado.

Incluso los niños pequeños que no trabajan a menudo están presentes en este proceso, que a veces se lleva a cabo en la casa.

Para la asistente de la Unidad de Derechos de la Niñez, de la organización internacional Save the Children, Francis Rivas Moncada, tanto gobierno y sociedad civil deben coordinar acciones para evitar que más niños se sumen a las jornadas laborales.

Zonas de explotación

En Honduras existen 64 zonas mineras metálicas diseminadas en los departamentos de Choluteca, Comayagua, El Paraíso, Francisco Morazán, Olancho, Santa Bárbara, Valle y Yoro.

En la zona sur se han otorgado unas ocho concesiones mineras, que comprenden un total de 5.353 hectáreas.

Los municipios donde se realizan labores de extracción de oro son Choluteca, Concepción de María, El Corpus, El Triunfo, Orocuina y Pespire.

En América Latina más de nueve millones de personas dependen de la actividad minera artesanal y un porcentaje significativo son mujeres y niños.

Fuente: http://www.elheraldo.hn/alfrente/878357-209/ni%C3%B1os-expuestos-a-morir-por-el-oro

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Honduras: Los niños de las canteras y de la cal en Santa Bárbara

8 de Septiembre de 2015

03:01PM  –   Redacción  

La vida de los menores en las explotaciones a cielo abierto transcurre entre el peligro de la caída de piedras y L 500 de ganancia. Extenuantes jornadas de picado y partido de rocas de cal sufren los niños. Pobreza y trabajo infantil truncan sueños a temprana edad.

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Chiquila, Macuelizo, Santa Bárbara

El sudor se escurre entre las mejillas, las venas del antebrazo se ensanchan y un chasquido truena en los huesos de Luisito cuando golpea su almádana con fuerza contra una dura roca.

Sigue intacta la roca. Cinco golpes más, uno más fuerte que el otro y el último, que parte en dos la enorme piedra, regresa a través de sus redes nerviosas hasta llegar a estremecer la espina dorsal. -¡Ahhhh!-, exhala el muchacho con el cansancio a flor de piel.

Me acerco a conversar, las miradas se cruzan, un saludo cortante, nada de sonrisas y ni el radiante sol de 32 grados Celsius rompe el témpano de hielo que me pone enfrente este niño de 14 años.

-Tengo cinco años de venir con mi papá a partir y vender piedra. El rostro de Luisito se mantiene apagado, sereno y con las mejillas coloradas.

El mapa señala la aldea de Chiquila, en el municipio de Macuelizo, Santa Bárbara, donde las esperanzas de los menores se desmoronan al igual que las rocas de las extensas y escabrosas canteras de cal.

A los pies de este niño yace una pilada de rocas desprendidas de una montaña con más de 20 metros de altura y a la espera de ser fragmentadas para venderlas al mejor postor.

La vida de Luis transcurre a contrarreloj en las canteras santabarbarenses, entregado como obrero a temprana edad en una de las peores formas de trabajo infantil.

Retando las canteras

Luisito no está solo este mediodía. Óscar (15) y el gran Glen (17), hermanos de él, también son labriegos de las canteras junto a su padre Pablo Gutiérrez. Es un trabajo en familia, pero cada quien con lo suyo.

-Ellos se ganan su propio pisto, así aprenden el valor del trabajo y aprenden lo que cuesta ganar algo-, dice su papá, don Pablo, sentado en una piedra al borde de la superficie explotada artesanalmente.

-Sí, yo trabajo por aparte, yo arranco, parto y vendo piedra a la camionada por mi cuenta- contesta Luisito. Todavía no pierde el rostro infantil, a pesar de que la pobreza lo hace madurar sin piedad.

Mientras habla, su hermano Glen, el único que ayuda al jefe de la casa, coge una larga barra y camina entre el resbaladizo y delgado camino que queda en el enorme hueco de la cantera explotada.

La humanidad del menor está debajo de una saliente rocosa de gran tamaño, justo en el lugar para golpearla y arrancarla después de feroces impactos con la barra.

Un movimiento en falso, un golpe impreciso, una porción frágil o el infortunado destino pueden sepultar en una capa de piedras su cuerpo y llevarse de encuentro al resto de la familia.

-Aquí se arriesga la vida, mire que varios han muerto porque se les ha venido encima-, revela con tranquilidad el papá, mientras arquea las cejas y señala la explotación a cielo abierto de las montañas de generosa cubierta caliza, a unos metros de la carretera Panamericana.

El último golpe, los colores se suben a su rostro, las pestañas retienen las gotas de sudor. -¡Ahhh!- y Glen arranca por fin la blanca y cafesosa capa, cual si fuera una pared que se desmorona por un terremoto.

El material cae acompañado de un estruendo y un pequeño roedor huye entre los orificios, mientras todos tenemos cuidado de apartarnos.

-Le doy entre las rajaduras que se ven y van quedando arriba. Palabras cortantes y luego sale como gacela por unos sorbos de agua.

A Luisito no le toca subir, dice que ya trabajó toda la mañana arrancando piedra y hace la última faena partiéndola para dejarla lista a los camiones que la compran.

Esperanzas truncadas

Los hermanos Gutiérrez cambiaron muy rápido los cuadernos y lápices por las barras, almádanas, azadones y palas.

Egresaron del sexto grado de la Escuela Independencia de Chiquila para arriesgar su vida por 500 lempiras a la semana, cuando la producción está buena.

¿Cuáles son las aspiraciones de Luisito, ese niño vestido con camisa de Scooby Doo, una calzoneta blanca sucia y el único que no calza botas de hule, sino zapatos negros desgastados?

-Yo no quiero pasar toda mi vida en esto, quiero irme al batallón para trabajar y darle pisto a mi mamá-, confiesa el menor.

En realidad, comparte los ideales con su otro hermano Óscar de enlistar las barracas militares para en un futuro llamarse ambos coronel Gutiérrez y saludarse entre sí con la mano firme en la frente.

El sol arde y está picoso. Ni una sonrisa, solo ojos apagados y respuestas frías.

Pero cuatro y tres años se interponen en el sueño de los dos hermanos que toman sus herramientas apenas sale el sol, a las 6:00 de la mañana.

Mientras alcanzan la ciudadanía, se conforman con trabajar hasta las 3:00 de la tarde, la hora cuando el cuerpo afloja, los músculos no responden y se sienten rendidos.

Una rutina de arrancar y picar piedras que cierra su ciclo cada cuatro días, el tiempo mínimo en que logran llenar un camión con piedras partidas, a cambio de 500 lempiras.

-¿Para qué? El dinero se me va en comprar comida y ropa, lo otro para mi mamá.

Así será, pues como dice el padre de los tres menores: -Si uno no trabaja, no come; es mejor morirse trabajando, al menos comemos.

Glen es diferente al resto. 17 años, en las puertas de la juventud rebelde, y es más reservado que los demás. Se sienta en silencio en los bordes de la excavación y levanta una mirada de indiferencia.

-Él es bien inteligente, me hizo hasta secundaria y quería seguir el bachillerato, pero no hay pisto-, lamenta su papá.

Se mira como empresario. ¿De qué? No sabe o quizá lo infunde la pena al saber que el destino le cierra las puertas mientras avanzan los años.

Nos vamos, Glen y don Pablo se mantienen al pie de la cantera, mientras Luisito y Óscar desploman su cuerpo en una carreta protegida por la generosa sombra de un árbol, en la guardia de su perro Siro.

Infernales hornos

La escabrosa faena en las canteras solo es el principio de un largo proceso para transformar la piedra en cal y que suma el nombre de miles de niños en las planillas de trabajo.

El siguiente destino de las rocas son unos enormes hornos, a pocos metros de las montañas, donde las queman y reducen al blando material.

En una de estas fábricas de la aldea de Chiquila está Mario (15), Walter (15) y Martín (17), guardianes del fuego en las hogueras.

Los hornos son enormes hogueras de paredes circulares, hechas de barro o piedra caliza, a la vez enterradas en un montículo de tierra que solo deja al descubierto en la parte inferior una puerta por donde alimentan el fuego.

Martín regresa con una carretada de leña. La arroja sin cuidado por el orificio y de pronto las chispas flotan alrededor de su rostro aguileño, junto a una ola de calor de 40 grados.

-Hago un turno de seis horas seguidas, todo ese tiempo tirando leña para mantener encendido el fuego.

-¿Y en la noche? -Es lo mismo, no puedo descansar porque se apaga el fuego y así no sale la cal-, responde poniendo como credencial sus nueve años de experiencia.

-Son mulas de llamaradas que salen de ese hoyo cuando le tiramos las barriladas de arena o madera, uno queda con calor que no es bueno irse a bañar-, relata otro joven de un horno vecino.

Conversamos, hay confianza y bromas, pero Martín no para de arrojar los trozos de madera que crujen entre las infernales llamas. Alterna horarios con Walter y Mario. Seis horas trabaja, seis horas descansa.

Esta vez los tres están en el mismo turno, 360 minutos de frente al fuego en la tarde, 360 minutos en la noche, en los próximos cinco días, lo que tardan en quemar la piedra.

Arriba del horno, a unos 10 metros, están colocadas las rocas, separadas del fuego por otra línea de piedras que llaman campana por su forma de bóveda. Así se distribuye mejor el calor.

Flacos, secos de carne y cuerpos en desarrollo, los menores son inconfundibles frente al resto de obreros, pero igual de curtidos por el calor.

-Gano 1,500 lempiras, yo. Ellos (Walter y Mario) solo 800, porque yo trabajo las seis horas corridas, ellos solo vienen a hacer tres, explica Martín.

No pueden trabajar más tiempo. Walter y Mario deben cumplir obligaciones si quieren terminar el sexto y quinto grado, respectivamente, en la escuela Independencia.

-Cuando estamos en la escuela nos cubren otras personas, pero de ahí nos venimos a la hornada. Por ratos me queda tiempo para hacer las tareas, confiesa Mario, con el sudor asomado en su tímido bigote.

-Me lo hice cargando la leña-, dice con una sonrisa despreocupada, mientras levanta el dedo anular de la mano izquierda envuelto en un pañuelo.

En este mundo no hay sueños, solo preocupaciones, inmediatas, agobiantes y atemorizantes.

-¿En qué gasto el dinero? Con este pisto compro lo que ocupo en la escuela y otra parte la estoy guardando por si me agarra una enfermedad.

De deseos no saben, para qué estudiar, no conocen otra vida más allá de la hornada, solo Martín, pero no es muy distante de la realidad.

-Quiero ser mecánico, ahorita le ayudo a un amigo, hay buen trabajo reparando estos camiones que traen y llevan los barriles-, relata.

Hablando de eso, el fuego se va extinguiendo y arriba del horno queda preparada la cal viva, llamada así porque todavía arde por dentro, suficiente para 350 barriles.

Después se le agregará agua para convertirla en cal apagada, el fino polvo blanco empaquetado en bolsita que alguna vez hemos comprado en la pulpería.

La última parada del proceso es en Taulabé, Comayagua, donde el fino material se embolsa para la venta al borde de la carretera.

Entre una montaña blanca trabaja como una máquina el pequeño Arnaldo, de 10 años, y con la nariz maquillada del color de las paredes de adobe.

-No, si eso no hace daño. Pela y le da alergias solo los primeros días, pero uno se acostumbra. De ahí solo hay que cuidarse que no caiga cal en las heridas-, dice su mamá.

Arnaldo se inclina y entre su pantalón blanco y el zapato negro se ve una clara herida que cruza el talón del pie izquierdo. Cicatriza lentamente entre la polveada de cal.

-Ja, ja, ja, ja, ja-, suelta en risas el pequeño cuando cae una palada del material cerca de su hermana Matilda, menos expresiva y callada.

-Aquí no tenemos hora para ponernos a embolsar, a veces en la mañana, a veces en la tarde… uno pone a los niños porque es un negocio familiar. Mientras transcurre la conversación, Arnaldo ya lleva 20 bolsitas. Este muchacho de tez trigueña y pelo parado trabaja como robot de fábrica. Con bolsa abierta en mano, roza la montaña de cal, le hace un nudo y la coloca en el bulto aparte.

Una bolsita, dos bolsitas, tres bolsitas… así hasta llenar doce bolsitas, que son una arroba. Por delante debe hacer 50 arrobas este día, mejor dicho, 600 bolsitas, luego bañarse en crema o manteca para quitarse la cal de la piel.

A todo esto, la plática no tenía que ser con la mamá, sino con el pequeño. -No, si él casi no puede hablar, tiene problemas y por eso me lo sacaron de la escuela, porque la profe no podía estudiar con él.

¿Y de qué serviría? En un mundo donde el grito del trabajo infantil se ahoga entre la indiferencia de la sociedad, lo que menos harían es escuchar el testimonio de Arnaldo.

Fuente: http://www.elheraldo.hn/inicio/877455-331/honduras-los-ni%C3%B1os-de-las-canteras-y-de-la-cal-en-santa

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Por 500 lempiras, niños pican piedra durante una semana

8 de Septiembre de 2015

03:01PM  –   Redacción  

El 40 por ciento de los niños trabajadores de occidente, donde se da en mayor proporción la producción de cal, han abandonado la escuela para dedicarse a generar ingresos familiares. La labor es completa, hasta obtener el polvo blanco.

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Tegucigalpa, Honduras

Decenas de menores se sumergen cada día en el mundo laboral en Honduras.

Unos exponen sus vidas más que otros, pues el mayor riesgo lo enfrentan quienes desarrollan las peores formas de trabajo infantil, identificadas por la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

En este grupo aparecen los niños que trabajan en canteras, labor que implica no solo la trituración de enormes rocas, sino también exponerse a altas temperaturas hasta que la materia rocosa se convierte en cal.

La extenuante labor les arrebata su tiempo de juego, salud y horas de educación, pues desempeñan jornadas laborales de más de ocho horas cuando se trata de triturar las enormes piedras.

En esta labor de pulverizar las rocas, los infantes permanecen por turnos de tres y seis horas, expuestos al sofocante calor que emana de la boca de los hornos.

El salario que reciben por triturar miles de piedras hasta llenar un camión es de 500 lempiras y esto representa el trabajo de tres a cinco días.

En el caso de los menores que laboran en la quema de las piedras hasta convertirlas en cal, el sueldo promedio es entre 800 y 1,500 lempiras, pues el valor depende de las horas que dediquen por seis días que dura la quema de las láminas de piedra que procesaron otros niños.

“Cuando los hornos se prenden, no queda tiempo de nada, pues no se debe dejar apagar”, aseguró Juan, de 14 años, mientras atiza el ardiente horno donde cocina junto a otros cuatro menores unos cuatro metros de piedra de cal.

Son más de 300 barriles del producto los que esperan extraer al final de la jornada, que implica perder hasta el sueño, pero les anima la paga que recibirán, aunque sea mínimo en relación al peligro al que se exponen.

En el proceso de llenado de bolsas y sacos de la materia transformada en cal al igual participan niños, quienes a diario llenan unas 600 bolsas, que corresponden a unas 50 arrobas, pero para ellos no hay remuneración en efectivo, ya que el trabajo es familiar.

Las cifras oficiales de la OIT señalan que los niños trabajadores del país perciben un ingreso mensual de apenas 1,739 lempiras, pero los “niños de la cal” ni siquiera llegan a ese porcentaje.

Los sectores

La producción de cal se da en el sector de Taulabé, Comayagua, en donde más de 30 familias se dedican a la explotación del “oro blanco”.

También hay centros de procesamiento artesanal en la aldea Las Quebradas y El Estero, en el municipio de Talanga. En esta zona funcionan unos 36 hornos para cocinar la piedra.

Otra zona productora es el municipio de Macuelizo, Santa Bárbara, en esta zona las caleras funcionan a la orilla de la carretera.

El Níspero, Santa Bárbara, es otra de las zonas donde se procesa la cal. En cada uno de estos lugares es visible la mano de obra infantil, sea en la labor de picar la piedra, mantener encendidos los hornos o en el momento de realizar el empaque del producto.

Según la última encuesta de hogares de propósitos múltiples del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), en el área de explotación de minas y canteras laboran 2,850 menores.

Esto es tan solo una fracción del total de niños que trabajan en condiciones inapropiadas, según Héctor Espinal del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).

El trabajo infantil es además una de las causas que alejan de los centros escolares a unos 250 mil niños del país”, reveló Espinal.

Según la OIT, en el país unos 400,000 menores trabajan, hay un estudio reciente de Visión Mundial, ellos hablan de 370,000 menores, manifestó Francis Rivas Moncada, asistente de la unidad de derechos de la niñez, de Save the Children.

“El 40 por ciento de los niños que trabajan en el país no están estudiando, sino que de forma exclusiva se integran al mercado laboral, estas cifras son alarmantes”, agregó.

De acuerdo con Rivas Moncada, esto es para que tanto gobierno y sociedad civil coordinen acciones para evitar que más niños se sumen a la fuerza laboral del país.

El reporte del primer trimestre del año del Banco Central de Honduras, en cuanto a la industria de minas y canteras, reveló que estos rubros generaron unos 85 millones de lempiras del Producto Interno Bruto. En 2014, este rubro generó 349 millones de lempiras del PIB.

Fuente: http://www.elheraldo.hn/inicio/877454-331/por-500-lempiras-ni%C3%B1os-pican-piedra-durante-una-semana

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El 15 por ciento de los niños del país son trabajadores

7 de Septiembre de 2015

03:01PM  –   Redacción  

Cifra de menores laboralmente activos supera los 379 mil. Un alto porcentaje de ellos se encuentran atrapados en condiciones semejantes a la esclavitud, indican las investigaciones.

Tegucigalpa, Honduras

Honduras ha pasado de condiciones de explotación infantil a condiciones inaceptables de trabajo infantil.

Así lo consideran los organismos que trabajan en la protección de la niñez y lo confirman las cifras frías del propio Estado.

De los 2,473,593 que conforman la población infantil, en edades entre los 5 y 17 años, 379,598 están activos en el mercado laboral.

Lo alarmante es que de ellos, 264,920 menores solo trabajan y no van a la escuela, condenados a ser explotados laboralmente, porque no se les vislumbra otro futuro. Jorge Valladares, director del programa Futuros Brillantes de la organización Visión Mundial, detalló que la alarmante cifra puede ser superior y alcanzar el medio millón, pues no todos los niños están trabajando en el sector formal, pues los que están en el sector informal no se contabilizan.

“La totalidad del trabajo infantil tiene como justificación generar ingresos familiares, o sea, la pobreza se vuelve causa, pero también efecto, es un circulo vicioso”, señaló.

En Honduras se encuentran niños desde los cuatro años fabricando cohetes, niños manejando agroquímicos en fincas donde se cosechan hortalizas, niños de ocho años con machetes afilados arriesgándose a cortarse, profundizó el director de Casa Alianza, Guadalupe Ruelas.

Enlistó además a los niños en las calles pidiendo limosna o limpiando vidrios, vendedores ambulantes y en las fincas de café.

Un alto porcentaje de la infancia trabajadora está desempeñando labores catalogadas por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) como las peores formas de trabajo infantil: buceo submarino, hornos de cal, coheterías, minería, pesca, caficultura, salineras, botaderos, trabajo sexual y servicio doméstico. La prevalencia de trabajo infantil en Honduras es una de las más altas a nivel de Latinoamérica. Cada año, cinco mil niños se suman a las duras estadísticas.

Fuente: http://www.elheraldo.hn/alfrente/876988-209/el-15-por-ciento-de-los-ni%C3%B1os-del-pa%C3%ADs-son-trabajadores

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Honduras: Pequeños curileros de San Lorenzo son los niños del fango

7 de Septiembre de 2015

03:01PM  –   Redacción  

Más de 30 infantes de la colonia Gracias a Dios, en San Lorenzo, se enlistan cada mañana para trabajar como curileros, entre ellos Salvador y Alex, de 13 y 14 años, respectivamente. En el municipio la suma de niños en esta labor se triplica

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San Lorenzo, Honduras

El sol empieza a ser insoportable y eso que son las ocho de la mañana. En el embarcadero de la colonia Gracias a Dios, en la periferia de San Lorenzo, se escuchan risas y gritos infantiles, incluyendo las voces de Salvador y Alex.

Salvador, Alex, Chente, Michael, Marvin, Toño… dejemos los nombres y pongamos un número: 13 niños están listos para subirse a Titanic, una pequeña lancha de fibra de vidrio impulsada por motor, que se mece con la marea, pero que está lista para llevarlos hacia los tupidos manglares en busca de curiles.

La lancha parece zozobrar, pero ellos están tan acostumbrados que más bien ríen. Para ellos es un día normal, es un día cualquiera, es un día común. Para el equipo de EL HERALDO no lo es. Hemos entrado al mundo de los niños del lodo, del fango, hemos entrado al mundo de las peores formas de trabajo infantil.

La salida no pudo ser peor. Distribuir 16 personas en un angosto espacio de la lancha casi termina en una batalla campal entre Chente y doña Martha, una experta curilera que creció en los manglares.

El pleito por la proa (la parte frontal de la lancha) desencadenó en insultos y epítetos de uno y otro lado: Señora, no le pego un pij… porque es mujer, de lo contrario ya estuviera revolcada. -No jodas, hijue.. a vos y a tu madre los agarro a pij…, contesta y lanza al mar la alforja de Chente.

El menor se lanza al mar, recupera su bolsa casi en el aire, se sube a la canoa empapado, pero ya no ocupa el lugar que tenía.

No hay más tiempo que perder y Juan, el sereno hombre dueño de la lancha, echa andar el ruidoso motor. Titanic deja una espuma y avanza hacia diferentes diminutas islas para empezar una ardua jornada laboral en medio del lodo y la telaraña de raíces manglares del Golfo de Fonseca.

Entre el vaivén de la embarcación y el sol que cada segundo es más intenso, parte de la tripulación inicia un ritual para proteger sus cuerpos con calcetas, medias, camisas manga larga, gorros, botas y guantes de hule, para enfrentar lo que les espera.

Niños del fango

El trabajo es despiadado, durante todo el día los “niños curileros” permanecerán en posición encorvada para extraer los moluscos de entre las ramas más bajas del mangle, lo que los obliga a inhalar el penetrante olor de la materia en descomposición que emana el abundante lodillo.

Alex y Salvador se quedan a la orilla de la isla de Piedra. Tienen la suerte de quedar juntos, no porque sean hermanos porque no lo son, sino porque son de los más pequeños. El primero con 14 y el segundo de 13 años. Al resto de la embarcación hay que seguirlo distribuyendo por todas las islas e islotes.

De los dos, Salvador es que el luce más protegido: un pantalón azul marino, con un pedazo de tela donde se lee, paradójicamente, “salud y nutrición”. El resto de su raquítico cuerpo le cubre una camiseta verde, manga corta, sobre la cual resalta una gruesa cadena del color de la plata, botas de hule negra y un guante azul.

Alex, aunque tiene un cuerpo más desarrollado y se expondrá más al riesgo de trabajar en el fangoso terreno, lleva una calada camiseta blanca manga larga, junto con una calzoneta de tela licra, azul bandera, está descalzo y apenas un guante amarillo cubre su mano derecha.

A las 9:45 de la mañana los dos menores se cuelgan de las ramas del manglar para sacar de entre la funda de cabuya uno de los cinco puros que compraron para la faena del día.

– Es para ahuyentar la plaga… los jejenes y los zancudos, aquí abundan, hay que apurarnos, porque la marea está alta. ¡ojalá nos vaya bien”!, dice Salvador, mientras su amigo le observa y sonríe.

La conversación se apaga con el humo que comienza a ser expulsado desde sus bocas y ambos menores inician su jornada laboral en las profundidades del pestilente lodo que se acumula en las raíces del mangle.

Con agilidad introducen y sacan sus manos una y otra vez del lodo putrefacto que se ha generado de la descomposición de hojas, ramas, curiles, almejas y cascos de burro, entre otros animales marinos que permanecen en el lodillo.

Las primeras escarbadas entre el pantanoso lugar son infructuosas.

–No nos ha ido bien en las últimas semanas, lamenta Salvador, pero luego revela que “este (y señala a su compañero) es nuevo en esto, aún no logra sacar bastantes curiles, yo le gano, pero es que llevo más años que él en este trabajo”.

La respuesta del risueño Alex no se hace esperar y lo reta a que este día será mejor para él: – Que tal que hoy sí te gane…, mejor no hablés y seguí buscando. Ambos han mantenido la humareda entre cortas conversaciones y pausas que aprovechan para lanzar escupitajos.

-El sabor del tabaco es amargo, si no escupimos nos da mareo, dice Salvador.

– Es que ja, ja, ja, ja… no hay que tragarse el humo, solo jalar y botarlo… si no pegan unos mareos y más que para sacar los curiles uno está agachado bien cae de cabeza en el lodo, complementa Alex.

Mal tiempo para la curileada

No hay silencio en la ñanga, cuando ellos dejan de hablar. Entonces, es tiempo de escuchar el bullicio de los grillos, chicharras y las conchas del mar que al abrirse generan un murmullo aterrador para quienes se sumergen en la zona por primera vez. Pese a que ambos niños se dan tiempo para dialogar, con una habilidad impresionante no dejan de escarbar por entre las raíces del manglar y van acumulando las conchas cubiertas del pestilente lodo, en las bolsas que cargan en sus espaldas.

La labor que comenzaron casi a la par se ha ido extendiendo en diferentes direcciones y de vez en cuando los menores lanzan al lodo los “curiles malos”, es decir, las hembras o los peludos que no han desarrollado. -Esos no los recogemos porque no los pagan.

La faena que inicia a la orilla de la isla por lo general se extiende a más de un kilómetro del punto donde los dejó la lancha, hasta que la alforja que cargan a sus espaldas se llena de curiles.

A lo largo de la jornada laboral ninguno de los dos niños ha consumido alimentos, apenas Salvador logró llevar una botella de medio litro de agua.

– Antes de bajarme de la lancha me comí una burrita con frijoles, mortadela y huevo, y vos Alex, ¿comiste? -Es que me comí unas tortillas con frijoles en la casa y si me da sed me vas a tener que regalar, respondió el recién entrenado curilero.

Alex decide tomarse un descanso y se posa sobre una de las ramas del mangle, mostrando cómo el lodo le ha cubierto pies y pantorrillas, manos y antebrazos.

El contacto permanente con la humedad les ha arrugado la piel. -Esto es nada, cuando uno se corta es lo peligroso, o que lo pique un animal venenoso, dice con tranquilidad Alex.

A unos metros de distancia, Salvador se suma a la conversación para revelar aún más el peligro al que se exponen: -Eso es nada, un día yo estuve cerca de un lagarto, que solo me meneaba la cola, pero se alejó sin hacerme daño, pero sí me asustó… ja, ja, ja, ja, ja.

En el reposo, Salvador insiste en que la temporada no ha sido la mejor.

-La curileada ha estado mal estos meses…

Antes de tener un par de zapatos o ropa nueva, ambos deben trabajar por varios meses, pues de lo que ganan deben pagar 10 lempiras o en especies, que representan 10 manos de curiles (50 unidades), al dueño de la lancha por el trasladó a los manglares, además deben aportar en sus casas y lo que sobra es para sus propias necesidades.

-Por día me quedan 20 lempiras, pero con eso algunas veces me compró churros y refrescos, entonces ya no queda nada, ahorita tengo ropa, tengo cinco mudadas, aseguró Alex antes de describir a sus cinco hermanos mayores, y de contar que quedó huérfano de padre hace unos meses.

El padre de Alex, un pescador al que apodaban Pininia, murió ahogado en una tarde de faena, cuando andaba en estado de ebriedad.

Alex no sabe leer ni escribir porque “nunca fui a la escuela”. Desde hace dos años vive con su abuela materna Ángela, pues su mamá se separó de la familia hace ya varios años.

El sueño de Alex

Entre las labores en el fango y la falta de apoyo de sus familiares, Alex ni siquiera tiene tiempo para soñar en el futuro más que seguir viviendo en su propio universo.

– Yo no tengo sueños

– ¿No pensás en el futuro?

– No pienso en el futuro…

– ¿Pero qué te gustaría tener?

– Me gustaría ser dueño de una lancha.

Pero Alex sonríe cuando se habla de fútbol y asegura ser un excelente delantero, claro está, cuando tiene tiempo para jugar. Fanático del Motagua, este jovencito es retraído y tímido, pero con un rostro de felicidad por sus angelicales chocoyos.

Tiene tres hermanos, dos pequeños y uno mayor que él, su nivel escolar es mejor en comparación con Alex, pues llegó hasta sexto grado. – Yo sé leer y escribir, a mí no me engañan con las cuentas, no seguí en el colegio porque era aburrido, lo que sí me gustaría es aprender la carpintería.

La labor de los dos adolescentes se extendió hasta las 4:00 de la tarde, como sucede cada día, y cerca de las 5:00 retornaron al embarcadero, desde donde partieron.

Son los primeros en saltar a tierra firme desde la lancha, ya con más de 100 curiles sobre sus espaldas.

– No logré mucho, pero me darán más de cien lempiras, lamenta Alex, antes de hacer saber que está ansioso por tomarse un trago de refresco para calmar la sed y el hambre.

-Vengo cansado, me duele la espalda, pero ya terminó este día, gracias a Dios, solo me falta ir a entregar el producto acá cerca, ahí lo cuentan y nos pagan.

El ejército de niños que por más de ocho horas permaneció internado en el putrefacto lodo del manglar, uno a uno, en fila india, se encamina hasta la Central, lugar donde comercializan la captura del día.

El lodo en el que se hundían quedó lejos, pero les espera mañana. De compensación Alex recibió 140 lempiras y Salvador, 250 lempiras.

Cronología gráfica de una jornada laboral en la ciénaga de los manglares del sur:

1

(8:00AM) EMBARCADERO

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Trece niños se alistan, a tempranas horas, en el muelle de la colonia Gracias a Dios para salir a faenar entre los manglares de la bahía de San Lorenzo.

2

(8:10AM) salida

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Inicia la travesía por el mar abierto rumbo a la isla de Piedra, donde Alex y Salvador se embarcarán en la faena de más de ocho horas para alcanzar unos cuantos lempiras.

3

(9:40AM) Jornada

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Después de 90 minutos de haber viajado bajo el ardiente sol, Alex y Salvador descienden de Titanic para comenzar su inhumana jornada laboral. Abandonados a su suerte y sin alimentos, se introducen en la ciénaga de los manglares.

4

(10:00AM) RECOLECCIóN

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Luego de varias infructuosas escarbadas entre el pestilente lodo que se acumula en las raíces del mangle, aparecen los curiles.

5

(5:00PM) Retorno

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Cansados por la faena del día, los niños curileros cargan en sus espaldas la captura que alcanzaron tras ocho horas de trabajo.

6

(5:15PM) venta

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En la Central, cada pequeño se encarga de contar los curiles que atrapó. Por cada 100 unidades reciben 80 lempiras.

Fuente: http://www.elheraldo.hn/alfrente/876928-209/honduras-peque%C3%B1os-curileros-de-san-lorenzo-son-los-ni%C3%B1os-del-fango

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Según UNICEF: Más de 400 mil niños trabajan en Honduras

Viernes, 12 Junio 2015 23:00

A diario se mira el trabajo infantil en las calles de la capital. A diario se mira el trabajo infantil en las calles de la capital.

TEGUCIGALPA- Unos 475 mil niños entre los ocho y 16 años de edad están en labor infantil peligros y explotadora en zonas rurales y urbanas de Honduras, según El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF).

“La problemática impide que tengan acceso a la escuela y los niños están ubicados especialmente en las cortas de café del país”, manifestó el portavoz de UNICEF, Héctor Espinal.

La mayor parte de los niños que están expuestos al trabajo infantil, alejados de las escuelas son de las áreas rurales del occidente del país y de las zonas urbano marginales de las principales ciudades, subrayó.

Del mismo modo, el vocero de la organización manifestó que existen niñas y adolescentes que son víctimas de explotación sexual y comercial dentro y fuera del país.

EXPLOTACIÓN
No obstante,  indicó que en las productoras meloneras en el sur colocan una bandera blanca que significa que en ese lugar no hay trabajo infantil y se certifica como una empresa amiga de los niños.
A partir de los 16 años de edad, los niños pueden realizar trabajos con permisos de sus padres sin abandonar la escuela, agregó.

CAUSAS
El desempleo, la violencia, la inseguridad, falta de empleo y la migración de los padres de familia son elementos que generan que los niños trabajen.

Fuente: http://www.tiempo.hn/nacion/item/35492-segun-unicef-mas-de-400-mil-ninos-trabajan

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Honduras entre los países con la tasa de empleo juvenil informal más altos de América Latina según la OIT

El documento indica que Honduras es uno de los países de la región con la mayor tasa de empleo juvenil informal, junto con Perú, Paraguay, Guatemala, y El Salvador, cuyas cifra está entre el 70 y el 80 por ciento.

Un informe presentado por la Organización Internacional del Trabajo, indica que al menos 27 millones de jóvenes de entre 15 a 24 años trabajan de manera informal en América Latina y el Caribe, lo que supone un 55 % del total de jóvenes ocupados en la región.

El documento indica que Honduras es uno de los países de la región con la mayor tasa de empleo juvenil informal, junto con Perú, Paraguay, Guatemala, y El Salvador, cuyas cifra está entre el 70 y el 80 por ciento.

Mientras que las tasas más bajas están en Costa Rica y Uruguay, donde la informalidad del empleo juvenil se sitúa en el 30 y el 33 por ciento, respectivamente.

El informe destaca que seis de cada 10 puestos de trabajo para jóvenes se encuentran en la informalidad, y eso constituye una preocupación mayor al desempleo juvenil porque afecta directamente a la calidad y a las condiciones del trabajo.

De acuerdo al estudio realizado por la OIT, el 91,8 por ciento de los trabajadores domésticos de entre 15 y 24 años se encuentran en condiciones de informalidad, mientras que el 86,4 por ciento de los jóvenes que trabajan de manera independiente también ejerce su profesión de manera irregular.

Fuente: http://www.radiohrn.hn/l/noticias/honduras-entre-los-pa%C3%ADses-con-la-tasa-de-empleo-juvenil-informal-m%C3%A1s-altos-de-am%C3%A9rica

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Día contra la Esclavitud Infantil: Más de 370 mil niños forzados a trabajar

16 de Abril de 2015

05:36PM  –   Redacción  

A nivel de Centroamérica, Honduras es el segundo país con mayor número de niños trabajadores, solo superado por Guatemala.

Entre 370 y 400 mil niños hondureños son forzados a trabajar, según cifras de organizaciones no gubernamentales.
Entre 370 y 400 mil niños hondureños son forzados a trabajar, según cifras de organizaciones no gubernamentales.

Tegucigalpa, Honduras

El 16 de abril se conmemora el Día Mundial contra la Esclavitud Infantil, como un recuerdo del asesinato de Iqbal Masih, quien fue vendido a la edad de 4 años por su padre para garantizar una deuda de 600 rupias que no se pudo pagar por el incremento constante de intereses y destinó al pequeño a una infancia de semiesclavitud.

La historia refiere que Iqbal logró escapar de la fábrica en la que trabajaba a los 10 años y se convirtió en un joven activista contra la explotación laboral infantil. Pero fue asesinado en 1995, mientras conducía su bicicleta en las calles.

La explotación infantil se define como cualquier actividad económica de producción que afecte el desarrollo personal o disfrute de los derechos de los menores de 18 años.

En la mayoría de los casos, la explotación contra niños está vinculada a la extrema pobreza de la familia, redes de explotación infantil, presión o negligencia de los padres u orfandad.

Cifras de UNICEF establecen que hasta 2008, alrededor de 346 millones de niños y niñas son sujeto de explotación infantil en el mundo y que al menos 171 millones lo hacen en condiciones o situaciones de peligro.

Se estima que en Honduras, más de 370 mil niños de entre cinco a 17 años laboran para poder sobrevivir. Según el Ministerio de Trabajo, el 40% de los menores tienen menos de 14 años.

A nivel de Centroamérica, Honduras es el segundo país con mayor número de niños trabajadores, solo superado por Guatemala, con 850 mil.

Del total de niños hondureños forzados a trabajar, el 74.6% son varones y el 25.4% mujeres. La mayoría, el 75.3% reside en el área rural.

Acciones gubernamentales

Con el objetivo de reducir las alarmantes cifras de explotación infantil, el gobierno de Honduras ha adoptado diversas inciciativas a través del Congreso Nacional y la Fiscalía.

En enero de 2014, el Poder Legislativo aprobó varias reformas a las leyes relacionadas con la niñez y la familia para eliminar vacíos y contradicciones persistentes con respecto a tratados y convenios internacionales.

Dichas reformas contemplan nuevos fenómenos sociales y problemáticas que afectan a la niñez e integran los instrumentos jurídicos internacionales y nacionales vigentes con posterioridad al Código de la Niñez y la Adolescencia, Código de Familia, Código Civil, Código Penal y Código Procesal Penal.

Sin embargo, aún existe una debilidad en cuanto al combate de la trata de menores. En su visita a Honduras el año pasado, la relatora especial de Naciones Unidas sobre la venta de niños, la prostitución y la pornografía infantil, Najat Maalla M’jid, instó al gobierno a “adoptar con carácter urgente medidas de protección efectiva de la niñez, sin discriminación, ante toda forma de violencia, abuso, explotación y trata”.

“Sigue habiendo numerosas víctimas de explotación y abuso sexual infantil, embarazo precoz, venta, trata y trabajo infantil”, señaló la relatora entonces.

“Aunque el número de denuncias ha aumentado, éstas siguen sin reflejar la amplitud del fenómeno”, mientras “persiste la desprotección de los niños ante todo lo que puede circular en internet y los medios de comunicación”, añadió.

Fuente: http://www.elheraldo.hn/pais/831718-331/d%C3%ADa-contra-la-esclavitud-infantil-m%C3%A1s-de-370-mil-ni%C3%B1os-forzados-a

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Honduras erradicará el trabajo infantil para el 2020

Honduras erradicará el trabajo infantil para el 2020 asegurando el acceso y permanencia en la educación de los menores.

Autoridades de Honduras se comprometieron a erradicar en su totalidad el trabajo infantil para el año 2020 asegurando el acceso y permanencia en la educación por completo en la población infantil.

En Honduras la mayor incidencia de menores trabajando se da en las áreas rurales por lo que una meta a corto plazo es intensificar los esfuerzos para eliminar las perores formas de trabajo infantil para este 2015.

Por tal razón, World Vision Honduras ha sido seleccionado por el Departamento de Trabajo de Estados Unidos (USDOL) como ejecutor de un amplio proyecto de apoyo a la eliminación de esta situación en Honduras.

El proyecto denominado “Futuros Brillantes” tendrá vigencia por cuatro años, atenderá a cinco mil 150 niños y adolescentes, mil 571 hogares y 10 mil trabajadores en el Valle de Sula.

Del mismo modo, la iniciativa se centrará en el trabajo infantil en el sector agro exportador y las condiciones laborales en el sector de la maquila en la zona industrial del país.

Asimismo, se realizó el lanzamiento del “Diagnostico de la Situación del Trabajo Infantil y sus Peores formas en Honduras” que tuvo como propósito socializar y compartir a profundidad la situacion del trabajo infantil en las áreas donde World Vision Honduras desarrolla sus programas y proyectos.

Los objetivos del estudio proponen el conocimiento de la situación y el diseño de una propuesta de proyecto que contribuya a la erradicación de esta problemática social.

La propuesta tiene el enfoque de derechos, con particular atención en la perspectiva de género y tomará como población meta menores de entre los cinco a 17 años, incluyendo población infantil de comunidades étnicas.

Fuente: http://www.radiohrn.hn/l/noticias/honduras-erradicar%C3%A1-el-trabajo-infantil-para-el-2020

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Departamento de Trabajo de Estados Unidos donara $7 millones para trabajo infantil en el país

21650Departamento de Trabajo de Estados Unidos, confirmó la adjudicación de un acuerdo cooperativo de U$. 7 millones a través de la organización World Visión para ejecutar un proyecto de combatir la explotación de la mano de obra infantil.

El proyecto, conocido como Futuros Brillantes (Bright Futures), se implementará en las regiones Choluteca, Valle, Intibucá y San Pedro Sula.

Se promoverá la educación y las oportunidades de capacitación vocacional para niños y jóvenes, y proporcionará servicios para fortalecer las oportunidades económicas para los hogares vulnerables.

ILAB ha proporcionado financiamiento para más de 280 proyectos en más de 94 países para combatir las peores formas de mano de obra infantil al proporcionar asistencia a niños vulnerables y sus familias.

Fuente: http://lanoticia.hn/nacionales/departamento-de-trabajo-de-estados-unidos-donara-7-millones-para-trabajo-infantil-en-el-pais/

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Fiscalía Investiga si niños hondureños trabajan en la minería

4 de Julio de 2014

11:25PM   – Redacción:  redaccion@laprensa.hn

El Ministerio Público pide informe a la Secretaría de Trabajo.

Tegucigalpa, Honduras.

La Fiscalía de la Niñez inició investigaciones para determinar si hay menores de edad que están siendo utilizados en actividades de explotaciones mineras clandestinas.

La fiscal de la Niñez, Nora Urbina, informó que es completamente prohibido utilizar a los niños en este tipo de trabajo que se realizan bajo tierra.

La funcionaria reconoció que en Honduras hay muchas necesidades de parte de las familias pobres, lo que obliga a los niños a desempeñar labores que corresponde a los adultos, pero para eso está la Secretaría de Trabajo para regular el empleo infantil.

Urbina manifestó que han solicitado a la Secretaría de Trabajo un informe no solo de la mina de San Juan Arriba, sino también de otras minas que pudieran estar colocando a los niños en situaciones de vulnerabilidad.

La fiscal Urbina expuso que estará a la espera del informe oficial y a partir de sus resultados adoptar las medidas que sean necesarias.

Se sabe que en algunos casos los menores realizan este tipo de trabajos por cuenta propia y eso hay que evitarlo, señaló.

En el sur de Honduras se localizan varias minas artesanales abandonadas y algunas son frecuentadas por pobladores locales con el objetivo de extraer oro y otros minerales.

 

Fuente: http://www.laprensa.hn/honduras/726189-96/fiscal%C3%ADa-investiga-si-ni%C3%B1os-hondure%C3%B1os-trabajan-en-la-miner%C3%ADa

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Más de 400 mil niños y niñas son presa de la explotación laboral en Honduras

Jun 12, 2014

Según los datos de la Coordinadora de Instituciones Privadas pro las Niñas, Niños, Adolescentes, Jóvenes y sus Derechos (COIPRODEN) en la actualidad, alrededor de 400 mil niños y niñas hondureñas son explotados laboralmente; para Wilmer Vásquez, director de COIPRODEN, la responsabilidad de que el sector niñez sea presa de la explotación laboral recae en el Estado.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT), en 2002, declaró el 12 de junio como Día Internacional contra el Trabajo Infantil. Sin embargo, Vásquez asegura que pareciera que solo en esta fecha se habla del tema a pesar que la situación empeora cada año y no se previene.

“En las calles están trabajando los niños y niñas que deberían estar incorporados en los centros educativos y de protección social. Niños que deben tener familias con acceso a la salud, educación, acceso a la tierra, a un trabajo. Pero no es así los niños trabajan para vivir con dignidad pero se encuentran luego siendo víctimas de las peores formas de trabajo”, explicó.

La realidad supera la cifra, las condiciones en las que trabajan estos menores, según Coiproden los hacen víctimas de abuso físico, emocional, sexual, tráfico, pornografía, explotación sexual comercial, de migración forzada, etc.

Para Vásquez, la falta de una verdadera coordinación entre las instituciones del Estado, la falta de implementación de las políticas públicas que ya existen, el incumplimiento del convenio de los derechos del niño, son las causales de que cada año más niños y niñas deserten de su infancia y se dediquen a trabajar para sustentar sus familias.

Fuente: http://radioprogresohn.net/index.php/comunicaciones/noticias/item/1069-m%C3%A1s-de-400-mil-ni%C3%B1os-y-ni%C3%B1as-son-presa-de-la-explotaci%C3%B3n-laboral-en-honduras

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En Honduras trabajan más de 370 mil niños

9 de Junio de 2014

09:38PM   – Redacción:  redaccion@laprensa.hn

El próximo jueves se conmemorá el Día Mundial contra el Trabajo Infantil en Honduras.

San Pedro Sula, Honduras

“A los nueve años mi papá fue asesinado. Me fui de la casa porque mi mamá la rentó, les pedí refugio a unos amigos y me consiguieron trabajo en un taller de enderazado y pintura. Ahora vivo con mi abuela a quien le ayudo y solo pido apoyo para estudiar”.

Así compartió su relato “Josué” de 14 años, quien ha tenido que ser parte de los más de 371 mil niños entre las edades de cinco a 17 años que laboran en Honduras para poder sobrevivir. Según el Ministerio de Trabajo, el 40% de esos infantes tienen menos de 14 años y un 35% pertenecen a la zona norte.

El jueves se conmemorá el Día Mundial contra el Trabajo Infantil y en esta ciudad se impartirá una conferencia enfocada en la erradicación de este problema social.

La charla será impartida por Rosa Corea, coordinadora del programa internacional para la erradicación del trabajo infantil en Honduras.

Los participantes del evento serán miembros del Gobierno, empresa privada, sector trabajador y sociedad civil. La conferencia se ha denominado “Trabajo infantil, ampliando la protección social”.

Josué ha tenido la oportunidad de cursar la escuela en el Centro de Educación por Radio de Educatodos en el sector Rivera Hernández, el cual subsiste con donaciones, por lo que pidió apoyo para ese centro para él poder culminar sus estudios.

Así como él, otros menores que viven en el sector de El Ocotillo compartieron su experiencia de laborar desde los cinco años en el basureo y cómo han podido estudiar al mismo tiempo gracias al apoyo de organismos internacionales.

Ahora el reto es seguir sus estudios universitarios y obtener un trabajo; pero lamentan que por residir en sectores vulnerables son marginados y no los contratan. El jueves se conmemora el Día Mundial contra el Trabajo Infantil. Ayer se desarrolló una conferencia enfocada a la empresa privada, sector trabajador y sociedad civil para reducir ese flagelo.

Elsa Ramírez, de Previsión Social del Ministerio de Trabajo de Honduras, dice que se hacen esfuerzos para reducir la mano de obra infantil en el país y que con programas gubernamentales como Vida Mejor se apoya a las familias pobres a fin de que los menores puedan estudiar.

Bessy Rocío Lara, directora de Trabajo, dijo que se deben fortalecer los programas de salud y educación para que los niños tengan oportunidades.

“La pobreza es lo que al final impulsa a estos niños a trabajar para poder satisfacer sus necesidades y de sus familias”, dijo Lara.

 

Fuente: http://www.laprensa.hn/honduras/sanpedrosula/717480-96/en-honduras-trabajan-m%C3%A1s-de-370-mil-ni%C3%B1os

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Estados Unidos combatirá el trabajo infantil en SPS

Domingo, 27 Abril 2014 23:59

El proyecto impulsará la implementación de los derechos laborales ejecutando un enfoque más amplio para los obreros que aborde las condiciones de explotación en el trabajo.

El proyecto impulsará la implementación de los derechos laborales ejecutando un enfoque más amplio para los obreros que aborde las condiciones de explotación en el trabajo.
San Pedro Sula, Honduras

El Buró de Asuntos Laborales Internacionales del Departamento de Trabajo de Estados Unidos, anunció un proceso de licitación de siete millones de dólares (140 millones de lempiras) para combatir el trabajo infantil y mejorar los derechos laborales y las condiciones de trabajo en Honduras, particularmente en las zonas agrícolas del sur y en el área de San Pedro Sula.

En primera instancia, se había considerado un proyecto de cinco millones de dólares, pero conforme a las acciones que se han continuado por parte de nuestra misión diplomática acreditada en Washington, se elevó a 7 millones de dólares, informó la Cancillería.

Las organizaciones elegibles recibirán fondos para apoyar los esfuerzos del país en el combate al trabajo infantil, con el objetivo de reducirlo mediante la promoción de oportunidades de educación para los niños y mejores condiciones de vida para sus hogares.

También se impulsará la implementación de los derechos laborales ejecutando un enfoque más amplio para los trabajadores, que aborde las condiciones de explotación en el trabajo y apoye la libertad de asociación y negociación colectiva, entre otros, señala un boletín.

Los solicitantes elegibles podrán ser cualquier organización comercial, internacional, educativa o sin fines de lucro, incluyendo las organizaciones enfocadas en la fe o en la comunidad u organización pública internacional, capaz de aplicar con éxito las medidas presentadas en la solicitación, agrega.

La recepción de solicitudes estará abierta hasta el 2 de julio de 2014, a las 5: 00 pm hora del este, vía electrónica a través de http://www.grants.gov  o en formato impreso enviado por correo al U.S. Department of Labor, Office of Procurement.

Fuente: http://www.tiempo.hn/portada/noticias/estados-unidos-combatira-el-trabajo-infantil-en-sps

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