La pesadilla del delito de trata de personas

Cicatrices que recuerdan la muerte y la esperanza

Por: Josefina Dobinger – Álvarez Quioto

«La bestia no creo que es el tren. La bestia somos todos los que hemos provocado esta crisis.» Leonila Vásquez. La mayor de las patronas ***

Un grito desgarrador salió de lo más profundo de mis entrañas. Me desperté de la pesadilla de manera brutal, con la sensación en el cuerpo de haber vivido una caída libre y precipitada que me vomitaba hacia el fondo de un pozo malacate. Mis sueños de terror fueron sepultados por el miedo convirtiendo la vida en una pesadilla. Mi esposo, igualmente sobresaltado, se despertó e intentó tranquilizarme diciéndome que todo estaba bien, que intentara dormirme nuevamente.

Pero hasta el día de hoy, no he logrado despertarme de esa pesadilla, porque se ha convertido en parte de mi realidad cotidiana. Ese y muchos otros desasosiegos han sido resultado de dolores asfixiantes que se han aprisionado en mi pecho, concretamente, en mi corazón. Soñé que me encontraba en la casa de mis padres en el barrio El Reparto Arriba (Tegucigalpa); al escuchar un estruendo similar al de una explosión salí al patio trasero para mirar lo que acontecía. Al levantar la cabeza  vi que una bocanada de agua se desprendía del cerro El Picacho y un río desbordado que transportaba como sedimentos cuerpos humanos, se abalanzaba sobre mí. Un río de muerte que me generó un estado de pánico que sólo fue posible de contener a través de la reacción visceral de un grito agudo que buscaba mi salvación.

En ese tiempo (2010) trabajaba como asesora psicosocial y psicojurídica en el Centro de Intervención para afectadas por la trata de mujeres (LEFOE IBF) en Viena, Austria. Programa establecido por LEFOE, organización creada en 1985 por mujeres exiliadas políticas latinoamericanas. Eran varios los años que tenía de acompañar a mujeres y adolescentes migrantes que lograron sobrevivir los impactos físicos, espirituales, psicológicos, pero sobre todo, los afectivos que marcaron sus cuerpos, y a su vez tatuaron el mío con sus vivencias, luchas, transformaciones y resistencias contra la trata de personas.

Trata de personas en Tucuman (Venda) Cortometraje.

Trata de personas en Tucuman (Venda) Cortometraje.

Es así, que la intensión de escribir esta reflexión ha sido provocada por diversos factores. En primer lugar porque los países miembros de las Naciones Unidas designaron hace tres años, el 30 de julio como el día contra la trata de personas. Delito que explota a mujeres, niñas, niños y hombres con propósitos de esclavitud. En ese sentido, antecede el hecho que en el año 2010 se urge a los Gobiernos de todo el mundo a luchar contra este flagelo creando para ello, un plan de acción para combatirlo.  Las acciones del plan fueron evaluadas en el 2013, y se asigna este día como necesario para «concienciar sobre la situación de las víctimas del tráfico [y trata] humano y para promocionar y proteger sus derechos.» (ONU resolución A/RES/68/192 ).

En segundo lugar, con este relato pretendo compartir mis vivencias sobre la trata de personas escudriñando, para ello, en mis recuerdos y poder así, comenzar el proceso de cicatrización de las heridas que aún tengo abiertas en el alma. Hilos de horror tejidos por el silencio, silenciamiento y la anulación de cuerpos transformados en cosas descartables, desechables y por lo tanto que no importan.

Foto: mendozapost.com

Foto: mendozapost.com

Los últimos tres años, me he debatido en la batalla por nombrar las experiencias de las personas afectas, con el fin de evidenciar el peso de algunos mitos sociales respecto a este delito que afecta mayoritariamente a mujeres y niñas, pero también, como se señaló anteriormente a niños, hombres, personas con discapacidad, diversidad sexual y género por mencionar algunas. Delito que rompe y fractura condiciones de la persona respecto a su dignidad hasta alcanzar niveles de agresión: inimaginables, innombrables, irreparables e imperdonables.

Durante estos años me he preguntado de manera repetitiva: ¿Cómo abordar tanta inhumanidad sin exponer, evidenciar de manera voyerista y despojar a tantas mujeres y adolescentes de sus vivencias traumáticas, sobre todo, si la reacción generalizada de la sociedad la desvaloriza a través de  comentarios como: “por andar metidas en papadas es que les pasa”; “por algo será que cayó en esas redes”. Rezan las frases acusatorias? ¿De qué manera se pueden expresar los cautiverios, las torturas, el horror enceguecedor y enmudecedor, la penetración descarnada de los cuerpos, los silencios aterradores, la imposición de convertirse en testigo, huella y cómplice de la muerte, de la propia muerte a través del asesinato iracundo de odio por parte de las mujeres y hombres tratantes hacia las otras mujeres? ¿Es posible contar el horror, la bestialidad a la que somos capaces de llegar las personas, la humanidad en su conjunto? ¿Se puede hablar de derechos humanos cuando te despiertas y abres los ojos sintiendo que llevas la muerte en el cuerpo, sin que puedas reclamar justicia ante ello porque serás nuevamente anulada, sabiendo de antemano que tu dolor y sufrimiento se debe exclusivamente a que no tomaste las medidas necesarias para convertirte en objeto de trata?

Foto: dgcs.unam.mx

Foto: dgcs.unam.mx

Estas y otras imágenes nacidas del proceso de acompañamiento me han enseñado que las estrategias de supervivencia generadas por mujeres y jóvenes tratadas son sumamente poderosas, ya que a través de ellas fue posible, al menos para algunas, evadir el abismo del silencio total, la muerte. No dejan de ser estremecedoras las heridas provocadas por la explotación y el despertar de la conciencia ante la vivencia de esclavitud que convierte los cuerpos en una categoría económica determinante para dar sentido a las relaciones sociales y de producción.

Los elementos que componen el fenómeno del delito de la trata se describen en su conceptualización entendida como la acción de captar, transportar, trasladar, acoger o recibir personas, recurriendo a la amenaza o al uso de la fuerza u otras formas de coacción como lo son: el rapto, el fraude, el engaño, al abuso de poder o valerse de una situación de vulnerabilidad o de la concesión o recepción de pagos o beneficios, para obtener el consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre otra, con fines de explotación.

Las dinámicas en las cuales se ve inmerso este fenómeno se distinguen por su complejidad en tanto involucra una gran variedad de delitos como el tráfico, la explotación, la tortura, la violación, la extorsión, entre otros tantos. En el marco de las normativas jurídicas internacionales y nacionales se presta atención a la  prevención, represión y sanción de la Trata de Personas.  A su vez se vuelve necesario acercarnos a lecturas que narren desde la  mirada del cuerpo, a la persona afectada no exclusivamente como víctima sino también, como territorio de resistencia, transformación y alteración de la realidad.

Foto: radionacional.com.pe

Foto: radionacional.com.pe

El reto de concienciar sobre la situación de la persona afectada por trata, se centra a mi parecer, en devolver a la víctima su humanidad. Herramienta indispensable para comenzar a transitar caminos que nos conduzcan hacia la posibilidad de hacer efectivos los derechos que le corresponden y que hasta ahora, le han sido negados. La interrogante que surge es: ¿Qué se entiende por humanidad? Y ¿es posible humanizar las experiencias traumáticas de las personas afectadas por la trata?

Humanidad se puede entender, desde un acercamiento sobre el cuerpo, como vida que experimenta el mundo (Husserl 1994), por tanto abarca un constante aprendizaje sobre lo que consiste la vida humana. En tal sentido lo humano refiere a un ser que alcanza a desarrollar sentimientos posibles de manejar de manera consciente o inconsciente como la solidaridad, el amor, preocupación y cuidado por el otro y hacia sí misma, la empatía y la resiliencia – capacidad que tiene una persona para superar circunstancias traumáticas- entre otras.

Las experiencias traumáticas, resultantes al interior del delito de trata, recuerdan que las mujeres y las adolescentes, no necesariamente caen en las redes de trata por desconocimiento, eufemismo que descalifica a la persona en una condición particular, sea esta económica, educativa, edad, física, emocional, raza o etnia, entre otras. Haré referencia a estos dos  grupos afectados haciendo la salvedad que existen otros sectores sociales afectados por el delito de trata.

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Es necesario destacar que abordar el fenómeno de trata desde el desconocimiento de las personas afectadas y sobre las implicaciones que conlleva para sus vidas, arrastra en sí, una contradicción significativa, posible de vincular con el hecho que la trata se caracteriza por el engaño, el fraude, el abuso de poder o valerse de una condición de vulnerabilidad de la persona.

Señalar, argumentar y enfatizar que las mujeres y adolescentes por desconocer las dimensiones de éste fenómeno, las conducen a ser coautoras de sus desgracias, me provoca el mismo sentimiento visceral que generó el grito estremecedor que me despertó de la pesadilla, pero no de la realidad. Una realidad que en primera instancia, en palabras de Jose Luis Sampedro (2012) nos ha arrebatado, a través del miedo, la libertad de pensamiento, cuando la sociedad nos enseña desde la primera infancia a creer lo que nos dicen las autoridares, los padres, el cura, es decir, a creer y luego razonar lo que hemos creido.

Foto: emisorasunidas.com

Foto: emisorasunidas.com

Qué es lo que nos queda pendiente de aprender de estos procesos, cuando nos encontramos ante argumentos que nos advierten, en nombre de la verdad, que la trata, entendida también como esclavitud, es cosa del pasado y por lo tanto es algo común. Que las víctimas de trata son únicamente las personas pobres y sin educación. Que la trata es una realidad oculta que solo ocurre en países pobres o las grandes ciudades. Que no es posible caer en las redes de trata si el tratante es una pariente, un conocido, el esposo, el amigo o la amiga, o el prometido.

Se vuelve oportuno advertir, que abordar el tema de la trata de personas requiere de un espacio aún más amplio del que esta reflexión pretende abordar. Puedo sentirme satisfecha de haber dado este primer paso para abordar un capítulo de mi vida que abarca muchas otras y que hasta ahora no había encontrado la manera de abordarlo.

Mi consigna de vida en los últimos dos años ha sido, recordar para volver al corazón haciendo uso de la palabra como recurso de la memoria. Y esta reflexión me está regalando el espacio para pensarme desde las vivencias de mujeres que han marcado y dado sentido a mi existencia. La trata de personas es un fenómeno que nos hace vulnerables a todas y todos. La bestia de la trata somos todos y todas las que hemos provocado esta crisis, tal y como sabiamente advirtió Leonila Vásquez, la jefa de las patronas que alimentan a los migrantes que buscan una vida digna para sus familiares, arriesgando conscientemente sus vidas en el tren de la muerte. Migrantes subversivos porque subvierten estructuras que buscan anular los cuerpos silenciados por una realidad social que los consideran residuos, pero a su vez evidencia un sistema que  requiere estar más cerca de la realidad.

Bogotá, Colombia. 29 de Junio del 2016

Origen: http://elpulso.hn/la-pesadilla-del-delito-de-trata-de-personas/

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