La cuarta urna o la democracia alternativa

2014-09-03

Honduras

Galel Cárdenas

Clasificado en: Politica, Democracia, Elecciones, Estado, Social,
Disponible en:   Español       

 

 

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Demonizado todo aquello que tuviese que ver con la búsqueda de un sendero alterno a un sistema político, que desde hace algún tiempo he caracterizado como una esfera de acero , repujado y sin fisuras, construido a lo largo de unos doscientos años de vida republicana, las élites dominantes del país, fácticas y mediáticas, se han confabulado para que todo el aparato gubernamental siempre siga por el mismo camino, desde la época independentista donde las fuerzas coyunturales coloniales de la clase oligárquica determinaron una organización republicana completamente supeditada a los más puros intereses clasistas financieros, políticos, sociales y culturales.
Conscientes los grupos oligárquicos de que la fuerza del pueblo siempre estará allí pugnando, luchando y revolucionando todo aquello que signifique derechos sociales y humanos, han erigido históricamente un país con leyes y constituciones completamente represivas, de manera tal que la verdadera democracia con la cual llenan sus voraces bocas inescrupulosas, nunca pueda allanar el camino de la equidad, la igualdad, la justicia y la soberanía nacional.
Por eso cuando el presidente Manuel Zelaya Rosales, de pronto, en el decurso de la historia política contemporánea lanzó al ruedo de la discusión pública, el proyecto de una Asamblea Nacional Constituyente, desde el imperio hasta el más pequeño dirigente político de los partidos conservadores tradicionales, lanzaron el grito al cielo como protesta ante semejante idea inoportuna, molesta y sencillamente subversiva.
Con ojos siempre orbitando en derredor de sus más perversos intereses económicos y sociales, la burguesía hondureña anticomunista por antonomasia, inmediatamente vieron llegar el carromato de la historia de manera aplastante e ineluctable.
Un fantasma les recorrió el espinazo, poniéndolos en la inminencia de la pérdida del poder político que con la independencia había logrado adquirir sin desviarse en la historia sangrienta de la lucha de clases en Honduras.
Sintieron que toda la construcción de piedra inamovible se caería de pronto como un castillo de naipes construido en la arena política del despojo.
El imperio que todavía estaba anonadado por el triunfo de Chávez, Morales, Correa, Fernández, Mujica, Ortega en los procesos electorales constitucionalista de América Latina, inmediatamente puso en remojo su barba hondureña, amenazada por un casi anodino presidente de origen terrateniente que proponía una Asamblea Nacional Constituyente para reemplazar la vieja estructura jurídica fundamental del país que, con tanto esfuerzo mental e intelectual, había elaborado a lo largo de esos dos cientos años de vida republicana, en su versión de democracia representativa.
Siendo Honduras el patio trasero donde se ubica el depositario de las aguas negras, sucias y despreciables, el imperio no iba permitir que aquel presidente que había logrado un triunfo electoral desde la provincia misma, habiendo perdido la capital industrial y oficial del país, lograra tan desmedido, irrespetuoso e iluso proyecto de instalar una Asamblea Nacional Constituyente.
Y si a ello se agregaba que contra viento y marea, desafiando todos los poderes fácticos y mediáticos posibles, y hasta los otros poderes del Estado, el Judicial y Legislativo, se iba a realizar una consulta popular para preguntarle al pueblo si deseaban que se incorporara una cuarta urna, a las tres ya definidas por la ley electoral y referidas a la elección de diputados, presidente y alcaldes, aquello (realmente) constituía una afrenta insultante, desproporcionada y vulgar contra la democracia que en la década de 1980, mediante otra Asamblea Constituyente, impulsada por los partidos conservadores, los grupos fácticos, el ejército, y el movimiento obrero y campesino traidores de la clase a que pertenecían, habían “consensuado” en su momento oportuno.
Así que la propuesta de instalar desde el poder ejecutivo un receptáculo de opinión para preguntarle el pueblo si deseaba que se incorporara una cuarta urna en la que decidiría si se implementaba una Asamblea Nacional Constituyente para redactar un nueva constitución plena de una democracia participativa, representaba en el camino, la real posibilidad de cambiar todo el sistema político instaurado en el país, que se caracterizaba por proseguir el modelo neoliberal dictatorial que ese “rebelde” presidente había obstaculizado.
La consulta popular era entonces inviable para los intereses del departamento de Estado, porque avizoraban que el pueblo votaría a favor de la instalación de aquel mecanismo de democracia participativa que contrariaba su modelo, de manera tal que los esfuerzos realizados durante largas décadas de golpes de Estado y elecciones presidenciales estilo Honduras, caería como un castillo de naipes que luego pasaría a ser historia.
En la geopolítica regional, perder El Salvador y Nicaragua, empujados por movimientos armados que habían aceptado las elecciones como camino para lograr el poder político, implicaba la posibilidad de que Honduras entrara a un proceso político nuevo parecido a los requerimientos ideológicos del Frente Farabundo Martí y del Frente Sandinista de Liberación Nacional.
Estados Unidos que considera al país su portaviones y retaguardia militar para América Latina, no iba a desperdiciar lo instituido y ganado en tanto tiempo.
Así, el imperio concibió un golpe de Estado aprovechando la debilidad de las fuerzas sociales y políticas que todavía hacia ese momento histórico no estaban convencidas de que un presidente liberal de origen terrateniente pudiera llevar a cabo un proceso democrático progresista basado en la búsqueda de la equidad, la justicia y la soberanía nacional.
El presidente Manuel Zelaya, constituía la cabeza pensante de este movimiento político, y estaba acompañado de cuadros liberales simpatizantes con las revoluciones sociales latinoamericanas, por ello en su momento había logrado en la Plaza presidencial la visita de importantes presidentes del socialismo del siglo XXI, así consignado políticamente en América del Sur. En esta concentración política latinoamericana asistieron Hugo Chávez, Evo Morales, Rafael Correa, Daniel Ortega, quienes en sus discursos en primer lugar destacaron la labor social del Presidente anfitrión, y además prometieron ayudas de diferente magnitud, como la venta del petróleo más barato, la asesoría educativa para erradicar el analfabetismo, la donación de tractores y el apuntalamiento a la política de la seguridad alimentaria, etc.
Aquel presidente pues, se había salido de las casillas políticas que el departamento de Estado determina como guión presidencial para Honduras.
El golpe de Estado era un mal necesario para recuperar el terreno perdido y proseguir con la instauración definitiva del neoliberalismo y su dictadura de élites fácticas y mediáticas.
Todas las antesalas posibles del Golpe de Estado fueron realizadas en Washington, el Pentágono, el Congreso Norteamericano en combinación con la gran conspiración política conservadora y reaccionaria del país, cuyos partidos tradicionales traspasados por intereses de la burguesía fáctica, movieron hilos, y promesas financieras para bolsillos personales de los diputados a la cámara legislativa, como también la compraventa de los magistrados a la Corte Suprema del País, acompañados por la cúpula militar de las fuerzas armadas y dirigidos por la embajada norteamericana. Todo el tinglado correspondiente con la debida programación política se instaló en varios escenarios paralelos: la toma por la fuerza de la casa presidencial bajo la responsabilidad de las fuerzas armadas, la sesión del Congreso nacional en la que se destituiría al presidente Manuel Zelaya y su expulsión hacia Costa Rica, el visto bueno del presidente de la Corte suprema del país, y la asunción a la dictadura por parte del Roberto Micheletti con la complicidad del candidato presidencial del partido liberal, Elvin Santos, más el debido seguimiento de la ruta crítica por parte de la embajada norteamericana y su fuerza de tarea la base militar de Comayagua.
Todo lo demás es consecuencia de esta maniobra política-militar dirigida por el Departamento de Estado. Honduras entraba a una etapa de dictadura cívico militar dirigida, increíblemente, por el mismo partido liberal en manos del que hasta en ese momento había sido el presidente del Congreso Nacional, quien se convertiría en dictadorzuelo de transición hacia la entrega programada del poder público al otro partido ultra conservador, el Partido Nacional, por ser esta estructura política la más consecuente con el pensamiento imperial del momento.
Lo demás que vivió el pueblo hondureño en el año 2009 fue el resultado de una resistencia popular en contra de aquel golpe militar sangriento y despiadado. El Partido Liberal y su cúpula conservadora renunciaron a su propia posibilidad real de seguir conduciendo las riendas del Estado hondureño y se conformó con las migas financieras que le otorgó el congreso nacional; después de ese momento este partido que fue mayoría desde la década del año 1960 se convirtió en un títere (y sin cabeza) del proyecto político de los líderes nacionalistas que ahora pretenden ocuparse de la silla presidencial por cincuenta años, según sus proyecciones políticas.
La consulta popular fue demonizada desde el instante en que los partidos tradicionales fueron descubriendo las perspectivas democráticas que allanarían el camino a un nuevo poder político nacional.
Así que se implementó una parafernalia satánica en contra de la “cuarta urna” a nivel mediático, tanto que aún después de cinco años de haberse proclamado esta idea como punto de partida para la conquista del poder popular, se sigue persiguiendo los protagonistas administrativos y políticos de este mecanismo de consulta para la democracia directa.
El resultado del golpe de estado es la instauración de una dictadura bi partidaria que prosigue su camino de consolidación utilizando todos los medios posibles de estrangulamiento del movimiento popular, que sería el único beneficiario de las consecuencias democráticas progresistas que se derivarían de la ejecución del proyecto de la cuarta urna, como consulta directa de democracia participativa en el ámbito electoral hondureño.
El golpe de Estado pues estaba conducido hacia varios objetivos:
1.     Evitar a toda costa que siguiera avanzando el pensamiento progresista y revolucionario desde el poder público de la presidencia de la república.
2.     Reunir todas las fuerzas políticas conservadoras y reaccionarias de la élite fáctica y mediática para implementar el neoliberalismo más crudo y más concomitante con el sistema político conservador a ultranza.
3.     Entregar a las fuerzas armadas todos los espacios perdidos por las políticas de algunos gobiernos liberales consistentes en regresar a los militares a los cuarteles correspondientes y quitarles la potestad de participar en la estructura del poder civil en cargos de seguridad nacional.
4.     Implementar y consolidar el poder político del partido nacional como único garante de lealtad al departamento de Estado y a sus planes imperiales económicos, geopolíticos y militares.
5.     Reprimir al movimiento popular y su “planteamientos subversivos” de equidad, justicia y soberanía, contrarios a la filosofía del neoliberalismo dictatorial.
6.     Aislar Honduras de la influencia perniciosa de los movimientos constitucionalistas de América Latina y su socialismo del siglo XXI.
7.     Asegurar por todos los medios posibles, legales e ilegales, la instauración de una dictadura conservadora y represora que programe una nueva ruta de desarrollo de las élites económicas del país, asentadas sobre la base de un modelo neoliberal dictatorial.
Al destruir mediante el golpe de Estado el proyecto popular de una consulta directa y participativa en el pueblo hondureño para la implementación de una democracia directa, igualitaria, justa, y soberana, se allanaría el camino hacia la real posibilidad de construir un poder político omnímodo e irrefutable de la dictadura nacionalista.
En suma, todos los procesos de los movimientos progresistas que crearan nuevos partidos y nuevas fuerzas sociales proclives al socialismo del siglo XXI, serían obstaculizados, perseguidos, y además infiltrados adecuadamente para promover “nuevas rutas” de pensamiento al interior de los partidos emergentes, obteniendo con ello la división interna de resistencia política e ideológica necesarias para frenar el desarrollo y crecimiento de la esperanza que el proyecto de la cuarta urna había levantado en el electorado nacional.
Un ejemplo extraordinario de este mecanismo penetrador implementado por los organismos de inteligencia norteamericana fue la infiltración de un partido muy estimado por el pueblo y que era emergente, y es la Unión Democrática (UD), que fue despedazado por la ambición personal, y la traición de sus dirigentes políticos más destacados hasta convertirlos en asesores del Partido Nacional ya en el poder político, a costa de desmantelar ideológica y organizativamente aquel pujante movimiento político de la década recién pasada.
La “cuarta urna” pues, satanizada hasta la saciedad por el poder mediático fue perseguida ideológicamente por los corifeos del imperio, los conservadores recalcitrantes, que se ocuparon de ella en todos los medios de comunicación posibles.
Al momento del Golpe de Estado se cercenó la cabeza pensante y política que en su calidad de presidente había ocupado todas sus potestades para desarrollar aquel proyecto político popular que se desprendería de haberse llevado a cabo la consulta.
Y sin embargo, el argumento utilizado por la derecha ultra conservadora era la figura de la re elección del presidente Manuel Zelaya Rosales, cuestión que en la Constitución vigente es prohibida, y sobre esta base se creó una antipatía superficial en los receptores de los medios de comunicación.
Los medios de difusión propiedad de las familias más connotadas del poder fáctico (Facussé, Canahuati, Rossenthal y Ferrari), inmediatamente y financiados adecuadamente en el momento oportuno, pusieron todos sus noticieros e informativos a la orden de la campaña destructiva sus principales directores de noticias quienes jugaron un rol de vanguardia de la demonización de la cuarta urna.
Acompañaron sus intervenciones críticas mordaces y mentirosas, con subliminales mensajes que sugerían el despojo de casas, niños y propiedades a las familias de la clase alta, media y baja para entregárselas a la chusma miserable y marginada que habita en los barrios y colonias más deplorables del país, y, también sugerían que los pobres y míseros habitantes de aquellas latitudes compartirían con ellos habitaciones, salas, comedores y dormitorios.
En el paroxismo de sus subliminales mensajes distorsionadores insinuaban que los niños serían enviados a Cuba, en donde el asqueroso, caníbal y barbudo comunista Fidel Castro y su hermano de igual catadura, se comerían los infantes exportados por los protagonistas de la implementación de la “cuarta urna” o que los educarían bajo la tutela de seres malévolos que les inculcarían un odio especial a sus padres biológicos.
La clase media más analfabeta y desinformada mordió el anzuelo psicológico y mediático por lo que quedó paralizada al momento de tomar decisiones sobre la histórica alternativa política de transformar el país utilizando un nuevo mecanismo democrático de consulta popular, nunca antes expuesto ante los ojos y pensamiento del pueblo hondureño.
De este modo, la cuarta urna desempeñaría verdaderamente el papel de llave que abriría las puertas del cerrado túnel del sistema político imperante, injusto y antidemocrático que nos ha impuesto la mal llamada clase política que no es sino el poder fáctico que desde la época de la colonia española domina el país transversalmente en todas las esferas de la vida nacional.
Se puede entonces concluir que la “cuarta urna” fue el detonante ideológico y político que llevó al imperio y a la burguesía apátrida nacional a escoger el camino del Golpe de Estado en contra del presidente Manuel Zelaya Rosales e iniciar así una nueva etapa en la historia del decurso de la sociedad nacional.
– Galel Cárdenas es escritor hondureño.

Fuente: http://alainet.org/active/76746&lang=es

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